Hace poco tiempo me preguntaron con qué instrumento me identificaba más… Siguiendo los dictados de una subida del ego, estuve a punto de responder: con uno de la familia de los metales, cuyo sonido, por su potencia y brillantez, destacara sobre el conjunto y resultara fácilmente identificable.

Cuando el ego hubo descendido un poco, situándose aún en niveles próximos al hedonismo, iba a responder que me identificaba con uno de cuerda frotada: un violín por su lirismo o un violoncelo por el color y calidez de su voz, tan cercana a la humana.

Ese recordar el sonido de la voz humana me hizo descender a la realidad y dejar de volar por mundos etéreos e irreales que poco o nada tienen que ver conmigo, según soy o al menos según quiero ser. Ese aterrizar de golpe me hizo afirmar sin dudarlo: un instrumento de percusión.

Y es que la vida me ha dado; te ha dado, persona que me lees; nos ha dado tantos golpes… Pero con esos golpes hemos sabido crear nuevos ritmos; hemos sabido acompasarlos para poder marchar juntos, como juntos estamos marchando y, tal vez, vibrando juntos sobre este camino de palabras.

Como un instrumento de percusión, soy, eres, somos -o al menos queremos serlo- necesarios para que el conjunto mantenga el ritmo, la sincronía y con ello su equilibrio.

No siempre es un instrumento de gran tamaño, presencia o potencial sonoro, el que da color y otorga nuevos y diferentes significados a la música. Un simple triángulo, unos crótalos o unas claves son capaces, pese a su reducido tamaño, de otorgar un matiz capaz de romper la monotonía de un pasaje y otorgarle nueva expresividad…

Hay días en los que necesito, necesitamos, transformarnos en ese triángulo de sonido metálico y acristalado que da un tono de brillantez para contagiar ese timbre a los demás. Otros, cuando me siento, cuando nos sentimos opacos y no podemos ofrecer más que una imagen borrosa y un sonido seco e incluso áspero, necesitamos transformarnos es ese instrumento de madera, perseverante y que marca un contratiempo, al sentirnos precisamente necesitados de no sumergirnos y ahogarnos en la vorágine rítmica, fruto de nuestra opacidad y, por el contrario, destacar de la misma.

Otros, me gustaría que tú y yo, nos transformáramos en un palo de lluvia, que, por su sonido, despierte la sensación de encontrarnos envueltos y acariciados por una suave llovizna, capaz de hacernos volar hacia paisajes más gratos; más limpios y refrescantes…

Por ello -tú persona que me lees; yo, persona que escribo estas líneas y sin conocerte te las dedico pensando en su utilidad como partitura capaz de remover algún sonido en ti- seamos ese instrumento de percusión.

Al igual que el poeta León Felipe no quería ser ni piedra de un palacio, ni piedra de iglesia, yo quiero ser como un instrumento de percusión, que llene de color; que marque el ritmo; que refuerce una frase, un pensamiento, una idea…

Yo quiero ser como esa piedra del poema, que solo sirve para una honda… Tal vez, cómo tú, persona que me lees y a la que, tal vez, este montón de palabras haya hecho vibrar algo en su interior, como vibra un instrumento de percusión cuando es sacudido o golpeado… Cuando es golpeado o sacudido como tú, como yo, como nosotros…

Como Tú

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;

como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera…

León Felipe.
Versos y oraciones de caminante
(1920-1929).

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Antonio Ureña García
España. Es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Distinguido con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela) por su actividades en el área de Cooperación Internacional para el desarrollo social. Coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho que o largo de sus distintas ediciones, contando con el apoyo y colaboración de diversas instituciones y personas, ha realizado donaciones de libros a bibliotecas de países o regiones menos favorecidas o impartido conferencias sobre la importancia de la educación y la lectura. En el marco de este proyecto, es editor de la Revista Electrónica Tiempo de Poesía (ediciones 2015 a 2018). Entre sus colaboraciones habituales en la prensa destaca su columna Contrapunteo Cultural, en el periódico colombiano “Panorama Cultural”. En este medio ha publicado ensayos sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas analizados desde una perspectiva antropológica, así como artículos sobre crítica literaria y varios relatos. Colaborador de la Revista Electrónica La Réplica, en sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos, ya sea a través del relato, el ensayo u otro formato.

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