El guardián

El sueño tambaleó su cuerpo hacia la izquierda, cabeceó tan fuerte que se despertó asustado. La parte trasera del camión era algo tibia y lo mantenía caliente.

Se había acostumbrado a ese trabajo que olvidó llevar un arma en sus manos. Su otro compañero registraba las facturas de los productos dentro del mini mercado. El sueño lo estaba envolviendo en sus brazos, tenía dos semanas sin dormir. La reparación de la casa y su madre enferma lo tenían exhausto y preocupado porque su miserable sueldo con suerte alcazaba la comida y los demás gastos. Observó el arma por unos minutos y parpadeo con dolor. Si hubiese tenido la oportunidad de estar cargando libros en lugar de armas… El murmullo de una pareja lo distrajo, dos jóvenes que llevaban puesto su uniforme de colegio, iban hablando acerca de los exámenes de admisión en la universidad; uno de ellos no lo haría, la joven, envuelta en fantasía y segada por la creencia de que todo está bien, respondió que un día sería una cirujana.

El guarda guío su mirada en ellos hasta que se confundieron con la noche y sus cuerpos eran ya solo sombras que se desvanecieron. Se inclinó en las puertas del camión y su mirada se perdió.

A lo lejos, la tierra retumbaba, las piedras del suelo saltaban a cada paso que daba, una mujer gigante se dirigía hacia el guardia. Era tan enorme que las casas apenas alcanzaban la altura de su fémur. Los perros comenzaron a ladrar asustados y los gatos que yacían en los techos, ariscos amenazaban. El guardia sintió el camión moverse y se asustó un poco hasta que se convenció de que quizás su compañero había subido listo para arrancar. Mientras se dirigía a la puerta, la tierra retumbó de nuevo y lo hizo tropezar. La mujer gigante apareció detrás de él y lo tomó en sus manos, el guardia gritó asustado y desesperadamente trató de tomar su arma para disparar, pero no pudo alcanzarla.

El guardia trataba de zafarse, la mujer lo elevó hasta su rostro y le sonrió. El guardia impactado por su belleza se calmó. La mujer gigante se dio la vuelta y para sorpresa del guardia, las casas se desvanecían y árboles comenzaban a crearse, animales aparecían de la nada saltando de alegría al ver a la mujer. De pronto, el lugar donde estaba, ahora era un jardín lleno de flores de todos los posibles colores.

La mujer colocó al guarda en la copa de un árbol tan grande como ella. El hombre se sujetó de una rama muy gruesa.

 — ¡Bienvenido a casa!—Exclamó la mujer con una voz tan suave y hermosa.

El guardia la observó minuciosamente de pies a cabeza. Llevaba un sostén de flores cosidas,  unas sobre otras. Su piel quemada por el sol y entre sus largos brazos pulseras con cráneos de animales. Su falda era tan corta que a penas la cubría, y sus piernas tan largas pero llenas de heridas; sus pies grandes y venosos. Viéndola bien, ella parecía la peor versión de sí misma,    pensó, hasta que volvió su rostro al de ella y vio sus ojazos cafés con su pupila grande, sus labios rosados y gruesos y su largo cabello negro con flores pequeñas.

 —Durante años esperé a mí guardián, el que me cuidaba mientras yo dormía. Una noche desapareció y desde entonces llevo años buscándolo. —Comentó la mujer sin obtener respuesta, puesto que el guardia, aturdido, no encontraba palabras para responder.

 —Qué pequeño te vez.  —Dijo tocando su pecho con un dedo. El guardia se asustó, haciéndose para atrás.

  —Oh, lamento haberte asustado. —Se sorprendió, retirando su dedo. — ¿Dime,  qué has hecho durante todos estos años?

El guardia la vio de nuevo a sus ojos.  —Nada… —Dijo con su voz baja y ronca, mientras su mirada se perdía de nuevo, pero esta vez, en el paisaje de árboles frondosos y, por supuesto, gigantes.

— ¿Nada?

—Perder oportunidades, anhelar sueños; morir lentamente… —Volvió la mirada hacia ella.

 — ¿¡Morir!? —Asustada exclamó.

 —No lo digo enserio, es en sentido figurado.

 — ¿Sentido figurado? —Pensó unos segundos. —Veo que has adquirido nuevos conocimientos.

 —No, eso lo enseñan en clases de español de quinto grado, bueno enseñaban… los jóvenes ahora no saben siquiera tildar las palabras. El sentido figurado es algo imaginario algo que usas para sustituir palabras y buscar semejanzas que exageren las cosas.

 —Entonces, si yo dijo que soy tan grande como el cielo, ¿eso sentido figurado?

 —No, no, eso sería una metáfora.

— ¿Metáfora? —Preguntó confundida— Qué palabra tan extraña, me da algo de miedo.

 —Pero las metáforas son bonitas, puedo decir; por ejemplo, que tus ojos son tan hermosos como el anochecer.

 —Mmm— La mujer gigante sonrió. —Sigue hablando de metáforas.

 —Tus labios son tan coloridos como las flores. —Continuó el guardia, observando su rostro y dejándose atrapar por la hermosura que descubría en él.

 —La forma en la que usas el lenguaje, es peculiar y asombroso. Me gusta el tono de voz que utilizas cuando mezclas la dulzura de la naturaleza conmigo.

 —Ahora dime algo tú.

 — ¿Yo? Mmmm, pues… eres tan flaco como los huesos de un animal muerto. —rio un poco.

 — ¡Eso es! ¿Espera un segundo? ¿Me llamaste esqueleto?

 —En sentido figurado.

El guardia comenzó a reír.

—Aprendes muy rápido.

 —Es parte de mi instinto. Mi especie tiene que aprender para poder defenderse de los cazadores.

— ¿Cazadores?

 —Sí, ¿no lo recuerdas? Son esas cosas largas y sin rostro que se tambalean entre los árboles y buscan arrancarme los ojos. —Comentó haciendo gestos y ademanes con las manos. —De esas cosas me protegerás tú.

— ¿Yo?

 —Sí, antes de desaparecer —Guio su vista al suelo por unos segundos y su voz se tornó frágil — ¿Dime, qué te pasó? ¿Por qué te fuiste y me dejaste sola?

—No recuerdo haber hecho eso. —El guardia bajó su vista

La mujer gigante dirigió su dedo índice y con su yema le acarició el rostro. —Debes estar muy cansado para recordar.

El viento silbó en los oídos de la mujer, y esta frunció el ceño.

—Son ellos de nuevo. —Dijo con desagrado.

 — ¿Quienes?

 —Los cazadores.

 —Dijiste que solo aparecían de noche.

— Sí, pero últimamente han evolucionado y me atacan repentinamente. Si el viento no me avisara probablemente estaría muerta.

La mujer volvió su mirada hacia atrás.

— ¿Te vas?

—Por eso necesito un guardián a mi lado, ya no puedo sola.

¿Qué voz fue esa? ¿Por qué parece que está llorando? —Pensó.

 — ¿Te puedo ayudar? Tengo un ar… mi arma…—Se dio cuenta que la dejó tirada.

 —No, con ese tamaño morirías de inmediato, debes irte otra vez. —Ella agachó la vista.

 — ¿Te volveré a ver?

La mujer lo tomó entre sus manos y llevo sus gruesos labios a su rostro para darle un beso.

 —Volveré a buscarte, espero que para ese entonces hayas recuperado tu tamaño. —La mujer colocó al hombre en el árbol de nuevo, tomó un impulso y corrió, pisando el suelo tan fuerte que todo temblaba de nuevo.

El guardia, perplejo por lo que acaba de suceder, sintió que lo agitaban de un lado a otro y escuchó a alguien mencionar su nombre. Sus ojos se centraron en la mujer gigante que de lejos se veía pequeña, tan pequeña como una muñeca.

 — ¡Despierta ya! —Oyó decir. Su compañero estaba enfrente de él. El guarda volvió a aparecer en la parte trasera del camión. Sorprendido, observó a su alrededor, las casas y los faros que parpadean… todo era normal.

 —Si te sigues durmiendo en jornadas de trabajo, te terminarán despidiendo.

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Lilian Edith Maldonado
Honduras. Nació en junio de 1998 en Tegucigalpa. Actualmente está estudiando psicología. Le gusta escribir poesía y algunos cuentos; además, se interesa por temas relacionados a la salud emocional, sobre todo enfocada en los niños. Espera llegar a ser una gran profesional y también publicar algunos libros.

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