Los libros se han convertido en los vigías del tiempo, sus páginas han sido testigo de descubrimientos, amores y desengaños, algunos tienen un valor especial entre la variedad de textos que aparecen en las estanterías de bibliotecas y librerías debido a las narraciones que contienen que por su antigüedad ya no se publican más. Sin embargo, todavía hay un lugar guardado para ellos, porque algún lector los estará buscando para hacerle cobrar vida nuevamente.

Luis Alberto Arango, un hombre mayor, de piel blanca, alto y con la barba color nieve es el librero de Palinuro, una de las librerías más conocidas de Medellín [Colombia] que abrió sus puertas en el centro la ciudad en el año 2003, pero debido a las pocas ventas tuvieron que cambiarse de sector. Arango argumenta que el amor por los libros es una cuestión del azar en la que la vida puede ayudar. Él, hijo de padres educadores, tuvo la lectura muy cerca de su entorno, aunque esto no significó, como él expresa, que desde niño hubiera estado interesado por ésta, primero fue juguetón ya luego vinieron los libros.

En las nuevas estanterías de Palinuro en donde ya completan un año desde la mudanza, me recibió Luis Alberto rodeado de libros que hacen la ilusión de que son ellos quienes sostienen el lugar. Fotografías de Leila Guerriero, Cortázar, Edgar Allan Poe, Frida Kahlo y otros escritores hacen parte de la decoración romántica que tiene la librería, de pared en pared Arango me va diciendo quiénes son. Al fondo se escucha música clásica que emerge de la grabadora que sintoniza la emisora radio cultural de la Universidad de Antioquia.

Las historias que vienen con los libros no son sólo las escritas por el autor del texto, los libros viejos traen consigo otros relatos externos que se han convertido en un baúl de los recuerdos. Luis Alberto cuenta que dentro de los textos al momento de organizarlos surgen cartas, notas, sobres, dibujos que terminaron allí por circunstancias que se desconocen, pero que ahora por medio de la curaduría hecha por una amiga suya, están clasificados por cartas, recibos y facturas que datan desde 1880 hasta 2007.

La idea por parte de Elkin Obregón, caricaturista, de crear una librería de libros viejos, como comúnmente se les conoce a los libros ya leídos, fue lo que en el 2003 lo dejó al frente de Palinuro. Arango, quien realizó estudios de administración en la Universidad de Antioquia, lleva 14 años como librero y afirma que con el traslado lo que más extraña del centro, lugar donde nacieron, son los primeros años en los que iba mucha gente a leer y a comprar, y así forjaron amistades. Palinuro se convirtió en un espacio de encuentro, pero con el pasar de los años las personas dejaron de ir y la librería sintió su ausencia ¿las razones? La inseguridad en el centro hizo huir la clientela.

Arango es un hombre sereno, presto a la conversación, que no teme por la presencia de la virtualidad que ha tomado apogeo en nuestra era. Para él, el libro físico predomina y el placer de tenerlo genera otra experiencia.

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Juliana Mesa
Colombia. Estudiante de comunicación social y periodismo en la Corporación Universitaria Minuto de Dios. Se interesa en temas políticos y sociales, escribe en su blog Pergamino de Utopías hace 4 años y actualmente colabora para la Revista Elipsis.

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