El país que ha tenido por ocho años de presidente al hombre que todos culpan y nadie descubre, otros ocho años al que fue ministro de guerra y luego gana el nobel de paz, el país piensa que alguien que participó en la quema de libros durante la segunda guerra mundial va a rescatar “los valores de la familia tradicional”. Un país en el que el mayor porcentaje de votación para las próximas elecciones las saca un “egocéntrico que no sabe administrar”, el país que juzga con adjetivos de ‘gritona’, ‘cansona’ a la representante política que pelea.

El país donde matan a representantes como Gaitán, Galán, Pizarro, Garzón, Abad Gómez. El país donde ser voz del pueblo te pone en total peligro y donde no alcanzan las cárceles y la solución del Estado para tal problema es dejar sueltos a los delincuentes. El país del miedo, el país del “necesitamos más días festivos”, el país que explota a sus trabajadores y luego los golpea cuando estos se levantan.

El mismo país de Mariano Ospina Pérez, el país donde su mayor representante vendió 16 empresas nacionales, subió los impuestos, impulsó la guerra, promocionó la violencia para la manipulación de opinión colectiva, impulsó la venta de armas, la delincuencia organizada, la desigualdad social y la guerra sólo “por la muerte de su padre imperdonable”, el patriota estadounidense.

Este es el país donde se levantan con más de una nueva ley diaria y donde la única idea de sus ciudadanos para mejorar el país es una nueva constituyente, donde la formalización de la explotación laboral es legal, donde el presupuesto para la ciencia es “innecesario”. El Estado en que los docentes pelean por tener una vida digna y trabajan ocho horas diarias con cuarenta o cincuenta estudiantes en un salón mientras que un congresista gana $29 millones 814 mil al mes.

El país del sagrado corazón de Jesús, de la hipocresía, de la mentira bien dicha, de los mejores oradores, de las universidades públicas con énfasis en mercadeo, el país del “trabajar, trabajar y trabajar”, del “mano firme, corazón grande”. El país que critica a la exigencia de seguridad de retiro de su guerrilla, pero olvida el genocidio de la UP.

El país que conmemora a artistas como Maluma o J. Balvin pero no sabe quiénes son Jorge Isaacs, María Mercedes Carranza, Jairo Aníbal Niño, Rafael Pombo, Andrés Caicedo, Gonzalo Arango, León de Greiff, Fernando González. El país que le prohibió la entrada a su nobel de literatura Gabriel García Márquez, pero en cuanto lo ganó se declara total admirador de su trabajo.

Donde un senador declara sus crímenes y lo dejan en libertad, el fiscal de anticorrupción es culpado por corrupción, donde un plebiscito para preguntarle a la Nación si quiere la paz gana el NO, donde las corporaciones sin ánimo de lucro pagan impuestos, los maestros son innecesarios, las empresas más representativas del país son extranjeras, donde el trabajador corriente gana en pesos y compra en dólares.

El país que creció toda su economía a base de la producción del maíz, pero importa maíz, que tiene pozos petroleros, pero importa gasolina, que tiene la mayor exportación de frutas, flores y banano, pero sus campesinos ya no tienen tierras ni sustento, donde la gente tiene hijos para reclamar mensualmente un subsidio que llaman entre ellos “sueldo”.

El país donde la tasa del feminicidio es alarmante, el desempleo atrofiante, el empobrecimiento es cotidiano, las injusticias aceptables, donde personas de moral dudosa son presidentes, los impuestos no justificados, los discursos del 1940 son aplicables para el 2017, el deporte, la educación, la ciencia, el arte no tiene presupuesto.

El Estado donde masacres como la del Salado, la Bananera, de Trujillo, de la Mejor Esquina, de Cali, de Alto de Ruedas, de Macayepos, de la Chinita, de Río Manso, de Caño Sibao, de El Nilo, la Toma al Palacio de justicia y el Falso operativo en el edificio Altos del Portal son parte del olvido, de la nomemoria del país y pasan a ser eufemismos de la historia.

Por eso, se justifica de manera directa que un niño que no tiene para comprar libros sólo desee escuchar a Maluma y que como diría maría Jimena Duzán “aquí no pasó nada”, porque cotidianamente el territorio se levanta con noticias que parecen entretenimiento.
Lo que no es excusa para la actitud del pueblo que no deja de ser el mal informado, el que acepta, el que traga entero, el que tiene hipermetropía viendo a Venezuela y no a Colombia, que no entiende que no hay nada más peligroso para el desarrollo que un votante mal informado, que un trabajador sumiso, un creyente a ciegas, sin más ni menos. Como dice Piero “para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó”.

El país maravilloso donde todo está bien, no pasa nada, la motosierra es lo mejor, los santos lo peor, ¡qué pereza estudiar!, la cartilla vuelve gays a los niños. El país donde es posible un futuro “castrochavista” en una sociedad neoliberal.

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Yulieth Garro
Colombia. Comunicadora social y periodista con énfasis en el desarrollo. Poeta y escritora. Amante de la literatura, de las pasiones bajas como el humor y el buen escribir. Con un acumulado sarcasmo excepcional y una actitud vengativa con las injusticias sociales, como el metro de Medellín en hora pico.

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