Entre las funciones de los medios de comunicación está la de informar, educar y entretener, pero también tiene una función y un deber con la ciudadanía, que es la de velar las acciones del gobierno de turno. Entonces, ¿qué sucede cuando un medio de comunicación enarbola las banderas de un partido político cuyo discurso es dominante e infiere en la opinión pública?

Para entender esto, es necesario remitirnos tres lustros al pasado. El martes 11 de septiembre de 2001 un acontecimiento que fue primicia a nivel mundial. Dos aviones Boeing 757 se estrellaban contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York. Minutos más tarde George Bush, presidente de entonces, ocupó la pantalla de todos los televisores del mundo y en vivo le declaró la guerra a los terroristas. Ellos y su práctica de infundir terror fue el discurso que de ahí en adelante adoptaría dicho presidente para justificar el gasto militar. Pero, ¿qué pasaba en ese entonces en Colombia?

En el mismo instante en que ocurría dicho acontecimiento, en las oficinas del periódico El Espectador se encontraba Álvaro Uribe Vélez, en calidad de ex gobernador de Antioquia y posible candidato a la presidencia del año 2002 con el movimiento Primero Colombia. Según El Espectador (septiembre 10, 2016) Uribe Vélez, después de aquel atentado, allí mismo en las instalaciones del diario nacional, adoptó la bandera de lo que sería su discurso como pre y candidato a la presidencia: la lucha antiterrorista contra los bandidos de las FARC y contra toda organización, movimiento o individuo que se opusiera a lo que sería posteriormente la Seguridad Democrática. Los medios de comunicación de carácter privado perpetuaron su discurso.

Noam Chomsky (1990) presenta un modelo de propaganda de los medios de comunicación de masas, teoría que se basa en los prejuicios sistémicos de los medios de comunicación masivos, los cuales tienen repercusiones causales económicas, estructurales y sociales. El autor desarrolla dicho modelo en cinco epígrafes y uno de ellos es el llamado Anticomunismo como religión nacional y mecanismo de control. Webster Terpley (2005), historiador estadounidense, postula que la clase gobernante y los medios de comunicación que favorecen dichas clases ven en el terrorismo una forma para generar cohesión social; según Terpley, es un mecanismo peligroso porque significa que el orden social, los partidos políticos, la vida intelectual y la política en general están basados en un mito monstruoso.

Entonces, ¿cuál es ese monstruo al que el historiador se refiere? Al monstruo de las políticas guerreristas que justifican la inversión militar, armas, publicidad, desminados, operaciones aéreas, marítimas y terrestres; y la cuota de muertos militares, subversivos y civiles que en toda guerra no han de faltar y al discurso de miedo y terror con el que informan los medios con el fin de crear un enemigo común al que culpar cuando una nación se encuentra política y económicamente inestable. Muchos colombianos fueron testigos, casi obligados, de todas las actividades realizadas por las FARC. En los televisores, la radio, la prensa y demás medios disponibles en ese momento, podían ver diariamente masacres, bombardeos, tomas a poblaciones, desplazamientos forzados, secuestros, narcotráfico y demás delitos, todos perpetuados por las FARC, o terroristas y bandidos, llamados así en los medios de comunicación y en las alocuciones presidenciales. Todos los colombianos tenían un enemigo común, el mítico monstruo, el chivo expiatorio y el culpable de todos los males del país.

En el periodo presidencial de Álvaro Uribe (2002-2010) se estima que las víctimas del conflicto armado entre soldados, guerrilleros y población civil son 3’334.270 personas entre desplazados, mutilados, asesinados y desaparecidos (Unidad de víctimas, 2016). Además, según el diario Vanguardia (Agosto 4, 2010) en la Fiscalía General de la Nación reposan 1230 investigaciones por casos en los que civiles han sido catalogados como guerrilleros de las FARC y muertos en combate que con ahínco fueron mostrados por los medios de comunicación sin ningún tipo de investigación previa. El resultado: Una guerra que se le estaba ganando al terrorismo, demostrando que la política de seguridad democrática, propuesta y ejecutada por el presidente de ese entonces, arrojaba resultados positivos.

A partir del 23 de junio de 2016, momento en el cual se firman los acuerdos sobre el cese al fuego bilateral y la dejación de armas por parte de las FARC, sospechosamente se incrementan los ataques guerrilleros por parte del ELN. Las noticias vuelven a inundar los medios de comunicación de masas en Colombia. Secuestros, atentados con motos y carros bomba, extorsión, reclutamiento forzado y demás prácticas antes atribuidas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, ahora son ejecutadas por el Ejército de Liberación Nacional. Se pueden encontrar titulares como: Ejército redoblará las tropas en Saravena, Arauca, por ataques del ELN (Caracol Radio. Septiembre 9, 2016). Continúan los ataques del ELN en Fortul, Arauca (Noticias RCN. Septiembre 3, 2016). El Eln atacó otra vez en Concepción, Santander (Vanguardia Liberal. Septiembre 14, 2016). Fuerza pública reforzará su accionar contra el Eln (La Razón. Septiembre 14, 2016). Docentes del Catatumbo denuncian amenazas por parte del ELN (RCN Radio. Septiembre 14, 2016). Ataque del ELN con granada a garita de la policía en Saravena dejó un herido (Noticias Caracol. Septiembre 9, 2016). Ofrecen recompensa por ataques del Eln en el Cesar (El Pilón. Julio 17, 2016).

¿Estos ataques y hostigamientos por parte de este grupo guerrillero son una manera de expandir su poderío ahora que no están las FARC? ¿Es una manera de hacer parte del conflicto para una posible negociación bilateral? ¿O son los medios que, una vez más, con su discurso pretenden generar miedo en la población y manipular la opinión pública con el fin de promover una agenda?

El papel de los medios es fundamental en épocas de conflicto pero principalmente en tiempos donde se lleva a cabo un proceso de paz. Según la investigadora Mary Correa (2007) en Colombia los medios de comunicación han sido cómplices en legitimar y postergar la guerra mediante mecanismos de propaganda que perpetúan y desinforman gracias al cubrimiento que se le da al conflicto armado en Colombia, por lo que se necesita un cambio estructural en los medios de comunicación en el país.

 

Referencias

-Chomsky, N. (1990). Los guardianes de la libertad. Barcelona: Ed. Crítica.
-Correa, M. Desinformación y propaganda: estrategias de gestión de la comunicación en el conflicto armado colombiano. Reflexión Política (Bucaramanga), Vol. 09, No. 17, Jun. 2007, p. 188-197
-Terpley, W. (2005). Conferencia Mundial Antimperialista. Eje por la paz. Conferencia llevada a cabo en Bruselas, Bélgica.

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Alfredo Madrid
Colombia. Antropólogo y periodista. Encontró en la crónica la mejor manera de ver el mundo, porque aunque son cuentos, también son verdad.

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