Solo espero sentada, sentada y abatida. Espero a que pase algo. O a que no pase nada. Espero hasta que el mundo cambie, o que se incendie. Simplemente espero sentada a que mi vida cambie de un momento a otro. Me gustaría quemar el pasado, congelar el presente y evaporar el futuro. Me encantaría poder reiniciar mi vida. Mi vida, ¿Cuál es su significado? No creo que tenga alguno para ti, o para mí. La vida me da la espalda y me golpea. Un golpe simple y pulcro. Un golpe tan sencillo que puede demoler edificios.

Siento una apuñalada, no sé de quién será. Siento una mirada fulminante, que sé a quién pertenece. No se muchas cosas, al igual que se muchas. No sé cómo mirarte con las orejas, ni tampoco con los pies. Sé cómo hablarte con mis ojos y con mis manos. Se que no te importa un comino esto y que mientras analizas las palabras maldices sin cesar. Se que cada maldición significa un perdón.

No sé cómo luzcas ahora, sé que estas igual. Con tu estilo tan maldito que hace al mundo querer llorar. Tu alma no tiene color, es una simple nube en un gallinero. Tu vida no tiene sentido, muchos creen igual. Pero la única diferencia es que tú no la quieres acabar. No recuerdo tu color de ojos, esos que me hacían vomitar y caer. Recuerdo tu forma de andar, creyéndote el sultán del lugar. Recuerdo como la mirabas, para hacerla temblar. Tal vez, ella te extrañe, pero sé que la única será. Tal vez no mires hacia delante, donde está tu vida real. Siquiera mirarás hacia atrás, ese es mi lugar.

Ella y él eran un desastre, tú y yo lo sabíamos bien. Ella lloraba y yo la insultaba mientras tú reías con él. Ellos no terminaron en nada, solo cometas en una tormenta. Tú seguiste presente, como las estrellas en la oscuridad. Yo seguí como siempre, intentando respirar. Cosa que no funcionó, ya que ahora solo quiero gritar y hacer al mundo estremecer. ¿Sigues sintiéndote asfixiado cada vez que te hablan de ti?

Recuerdo que cuando todos lloramos, tú solo me mirabas. No sé a dónde te llevó la vida, ni tampoco donde te llevará. Sé que no tenías oportunidades, y dudo que ahora sea diferente. Cuando me mirabas a los ojos, me veías con claridad. Cuando miraba a los tuyos, solo veía tu desnuda e indefensa soledad infinita. Nunca me hiciste reír, ni tampoco yo a ti. Me hiciste llorar, vomitar. Pero nada te afectaba a ti. Quizás estas sean las últimas palabras que leerás. Quizás esto por fin te haga llorar como cuando la veías danzar.

Yo creo que sigues creyendo que eres la escoria de la vida. Yo creo que sigues maldiciendo, como cuando empezaste a leer. Tal vez tu sigas creyendo, que ellos no ven la verdad. Yo creo que tu no lo hacías, ya que al mirar tu vista se nublaba. Se nublaba con las lágrimas de las calles que no lograste cruzar. Mira tus dientes, para saber si ves con claridad. Tal vez alguien robe tu nariz, para que veas como es por fin respirar. Tal vez tu cabello siguió cayendo, para que no pudieras nunca hablar.

La vida es como tus ojos, infinita y detestable. Tal vez mi camino sea como tu mirada, estimable y benévola. No sé bien cómo vayas a acabar, solo sé qué acabarás como todo lo que has hecho en tu vida. Recuerdo tus palabras cuando te fuiste, fueron simples y concisas. Jamás me creí capaz de escribirte estas palabras. Siempre me creí débil y de una voluntad desgarradora. Mandarás al diablo mis palabras, y cuando lo hagas yo no me voy a enterar. Pero eso a mí no me importa, ya que al diablo tu vida también mandaré. Como dice el viejo refrán: nos veremos después, tal vez no en el lugar que tú crees. Nos veremos, eso sí, pero no aquí. Nos veremos en el infierno donde acabaremos y ellos también.

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Alejandra Roldán Orosco
Argentina. Aspirante a escritora, estudiante de dieciséis años, amante de la literatura y del significado de las palabras.

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