Tunja. Son las 7 de la mañana. Camino por la plaza de Bolívar junto a la famosa esquina de la pulmonía. Hace un frío de esos cargados de viento congelador. Escucho una voz que canta a todo pulmón “la felicidad, ja, ja, ja, ja, de sentir amor, jo, jo, jo , jor, hoy hacen cantar, ja, ja, ja , jar, a mi corazón”, voy en busca del cantante y lo encuentro allí, sentado en una acera. Le dejo unas monedas y me saluda con una sonrisa. Durante todo el día me quedo con el coro de esta canción de Palito Ortega. Me pregunto repetidamente qué es la felicidad para este hombre, pues quedé contagiado con las estrofas de la felicidad desde la mañana. Tengo un día de esos de once sobre diez.

Al día siguiente lo busco nuevamente. Le cuento que tuve un día muy feliz gracias a sus coros, me dice “con mis canciones yo le emano energía positiva a la gente, me la gano cantando y no como los políticos que lo hacen robando”.

Fermín López es su nombre, es de Sogamoso y tiene 62 años. Me dice que lleva en la calle veinte años, que su papá fue uno de los fundadores de acerías Paz del Río y que vivió en Alemania durante cinco años. Cuenta que se accidentó en su trabajo como ingeniero civil y durante un tiempo estuvo en estado de coma, le dio amnesia y se le desconectaron los cables. ”Dos cablecitos de la cabeza” que lo dejaron con problemas, por esto terminó en la calle y por decisión propia no quiso ser un encarte para su familia.

¿Fermín, usted se considera feliz? Claro, completamente feliz, soy amigo de los que pasan por estos lados, de abogados, concejales. Llego aquí y me voy a la hora que se me da la gana, no marco tarjetas para nadie, vivo a la salida de la ciudad en un bosque y convivo con la naturaleza, con los animalitos. No le debo nada a nadie. Me da tristeza de esos políticos a los que les toca andar de un lado para otro en carros blindados y que hasta para ir al baño necesitan escoltas. Yo soy libre y canto porque estoy feliz, le animo el día a más de uno.

Lo malo de vivir en la calle es que uno tiene que cuidarse de las operaciones de limpieza social, yo me he salvado de más de una. ¡Limpieza social, eso deberían empezarlo por las alcaldías, las gobernaciones y el congreso lleno de ladrones! ¿Cuál es el pez favorito de los políticos? el róbalo, je, je.

Ahora Fermín canta “tú tienes una carita deliciosa, despeinada, ja, ja, ja, ja”. Le gustan las canciones de los sesenta y los setenta. Palito Ortega y Leonardo Favio son sus cantantes favoritos.

Fermín es un amante de Tunja, habla maravillas de la ciudad. “¡Frío! ¡frío en Alemania! con esos días corticos y nieve por todo lado y sin ver el sol, eso sí es frío. Aquí no llega el chikunguña ni ese tipo de bichos, no llegan ni los chulos, bueno algunos, pero vestidos de sotana. Tunja no tiene ladrones, excepto los curas y los políticos. Es una ciudad muy sana. Aquí el agua es de lo mejor, limpiecita. Los tunjanos tienen fama de asolapados pero yo no creo eso. Me gusta la gente de por aquí, es muy buena. Las universidades también son de lo mejorcito”.

Le cuento a Fermín que tengo una exposición en la casa de la cultura y lo invito a que vaya conmigo. Fermín sonríe y me acompaña. Observa las fotografías de habitantes de calle en Los Ángeles mientras yo le pregunto si le gustaría posar para que yo lo haga, él me dice entusiasmado que sí, que él es un personaje de la ciudad.

Hacemos una pausa mientras él se toma un café y yo voy por mi kit personal. Traigo mis plastilinas y empiezo a modelarlo. Mucha gente se acerca mientras Fermín, sentado, habla y habla echándole vainazos a todos los que ve por allí con cara de empleados oficiales. Ríe a carcajadas, cuenta anécdotas de su vida, habla de política.

Yo mientras tanto detallo sus zapatos negros gastados y empolvados. Modelo su costal de harina cargado de sus no sé qué, su piel enrojecida por el sol y endurecida por el viento, sus manos arrugadas, su chaqueta de cuero, su saco lleno de motas, su vestido de paño barato color café, su reloj inmenso, sus ojos rosados y verdes, sus arrugas pronunciadas en la cara, su barba con infinitos matices de gris, su gorra con un estampado que parece el grafiti de algún pintor callejero confundido.

La gente lo escucha y me observan trabajar. Pasa una hora y cuando Fermín ve su escultura en plastilina sonríe y me felicita, me señala y le dice al público “este es todo un artista”. Nos abrazamos y nos tomamos fotos para la prensa, la televisión y todos los curiosos que ven en este encuentro algo poco común.

Ahora la gente se toma fotos con Fermín, le preguntan todo tipo de cosas, miran al muñeco, lo miran a él. Es el personaje central de la exposición.

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Alter Eddie
Colombia. Animador, plastilinómano plastilínico que plastiliniza algunas de las cosas que pasan en nuestra realidad plastilínica. Colaborador de El Espectador y varios libros publicados relacionados con el arte de moldear plastilina.

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