En octubre del año pasado, los estudiantes del curso Acción Colectiva I, del pregrado en Ciencia Política de la Universidad de Antioquia , visitamos Granada, al oriente de Antioquia (Colombia), considerado como uno de los municipios más afectados por la violencia en el departamento. Tuvimos la oportunidad de conocer el Salón del Nunca Más, ubicado en el parque central del municipio, al lado del templo de la Iglesia Católica y en un local cedido por la casa de la cultura. El lugar contiene piezas que representan el conflicto armado vivido en ese territorio, objetos como obras de arte, cartas escritas por familiares de las víctimas, libros y documentales que narran la tragedia soportada por los granadinos, fotografías de la toma guerrillera al casco urbano y más de doscientos retratos de víctimas de la región.

Para contextualizar, la apertura del Salón del Nunca Más se dio el 3 de Julio de 2009, como una iniciativa de grupos de víctimas de la región que buscaban un escenario físico que permitiera la construcción de procesos de memoria y de duelo, que afianzara vínculos entre los miembros de la comunidad y que permitiera a las víctimas contar su propia historia del conflicto. Pero la apertura del Salón no fue fácil, había cierta repelencia de funcionarios e instituciones del municipio cuando se veían enfrentadas a dinámicas de rememoración, además, las victimas con la iniciativa de crear el “museo” no contaban con el lugar para materializar la idea. Para el año 2007 les pidieron a los candidatos a la Alcaldía comprometerse con un lugar para realizar dicho proyecto, todos accedieron y firmaron un documento aceptando la propuesta, sin embargo, el alcalde electo trató de desentenderse del compromiso que había adquirido, pero fue presionado por las víctimas para que cumpliera y otorgara el espacio.

Gloria Elcy Quintero, oriunda del municipio de Granada, vicepresidenta de la organización de víctimas Asovida y coordinadora del Salón del Nunca Más nos guió en el recorrido por el lugar y fue quien nos contó las desgarradoras historias de la guerra, además, nos explicó el significado de cada uno de los objetos que se encuentran en el Salón. Su narración empieza con la llegada de los grupos armados, nos cuenta que en la década de los 80`s arribaron al corregimiento de Santa Ana el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Estos dos grupos se instalaron en ese corregimiento por ser un sitio estratégicamente ubicado en una zona montañosa y cercano a la autopista Medellín-Bogotá donde llevaban a cabo prácticas ilegales como retenes y secuestros para luego adentrarse en el área boscosa; además, establecerse cerca de una vía nacional les facilitaría a los grupos armados escapar en caso de ser perseguidos por la fuerza pública.

En los años 90, en respuesta al auge de grupos guerrilleros en dicha zona del oriente antioqueño, hacen presencia en el municipio bloques paramilitares -como el Bloque Metro- para contrarrestar a aquellos insurgentes. Con todos esos actores armados en el mismo territorio se recrudeció el conflicto, aumentaron los asesinatos, desaparecidos, amenazados y torturados, a esto se suman las masacres, en las cuales la mayoría de los muertos eran civiles y campesinos que nada tenían que ver con los ilegales.

En el año 2001, luego de una oleada de asesinatos, los pobladores de Granada realizan una marcha llamada “Apaga el miedo, enciende una luz”, como un acto simbólico para manifestarse en contra de la violencia y demostrar que la unión de los granadinos estaba por encima del miedo.

Gloria Elcy nos cuenta que, luego de aterradores sucesos, algunos pobladores quedaron con un choque emocional tan fuerte que no querían decirle a los demás lo que les pasaba y hubo momentos en los que desconfiaban de sus vecinos y amigos porque no sabían quién era quién en el pueblo, no sabían quién colaboraba con los grupos armados y por ello, frecuentemente preferían no salir de sus casas ni entablar conversación alguna. Como respuesta a la situación anterior, para el año 2004 nace el grupo de apoyo mutuo “Abrazos”, un espacio para el apoyo psicosocial entre quienes se vieron afectados por el conflicto. Allí se hacían reuniones donde se buscaba que las víctimas compartieran su dolor, contaran sus historias y sus sufrimientos con el fin de relacionarse con otras víctimas y para que sintieran que no eran las únicas personas afectadas. Dicho espacio pretendía que los pobladores sintieran apoyo y reconocimiento mutuo y por eso se abrazaban como muestra de solidaridad, de esa manera se empezaron a reconstruir los lazos de confianza que se habían perdido con la guerra.

Al entrar al Salón del Nunca Más lo primero que llama la atención es un gran mural al fondo con 297 retratos de víctimas de la violencia en la región. Esas fotografías se fueron recogiendo con el paso de los años gracias a los familiares de los fallecidos que las iban entregando para que sus seres queridos tuvieran un espacio en el que pudieran ser recordados sin que contra ellos se emitiera ningún tipo de juicio. Este mural es un sitio representativo del Salón, muchos de los familiares pasan por la entrada tirando besos y echándose la bendición. Cuando van llegando más fotografías se hace necesario desmontar el mural para reacomodar las que ya están allí y agregar las nuevas; a algunos familiares no les gusta esto, y se desesperan por no encontrar la foto de su familiar donde la habían visto antes. Lo anterior demuestra el gran sentido de pertenencia que se tiene por el lugar y por lo que representa para las víctimas.

Algunas fotos del mural son de conductores de chivas en las que se transportaba a los habitantes del municipio y a los productos que allá se cultivaban. Los transportadores fueron asesinados porque los grupos al margen de la ley no les permitían entrar y salir libremente del territorio, porque tenían la constante sospecha de que podían ser parte de un actor enemigo. Además, en cualquier momento por la carretera que conducía al municipio salían los grupos armados a hacer retenes, pedían a los pasajeros identificarse y, en algunos casos, los mataban porque eran de otros pueblos, por simples sospechas o porque sí, porque se les notaba que sentían miedo.

Entre las fotos del mural se encuentran las de dos menores que murieron por una carga explosiva que llegó al pueblo en un bulto de naranjas: una niña que inocentemente se sentó en el bulto activó la carga que también dejó como víctima un caballo que estaba cerca. Uno de los retratos es de un niño que falleció cuando explotó una mina antipersonal puesta en una casa abandonada donde estaba jugando, otra fotografía es de un señor que murió porque al encender el televisor activó un artefacto que había dentro. El resto de fotos del mural son de desaparecidos, falsos positivos, líderes comunitarios y alcaldes asesinados, personas arrojadas al río y secuestrados. Vimos la foto de un hombre al que mataron por equivocación, sus verdugos lo confundieron con un homónimo; días después el grupo armado ilegal le pidió perdón a la madre de la víctima, asegurándole que esa no era la persona que querían asesinar.

Por otra parte, algo muy emblemático del Salón son las bitácoras dedicadas a las víctimas del conflicto, en ellas, los familiares y allegados a esa persona que falleció le escriben mensajes en los que le expresan sus sentimientos y les relatan historias como si se tratara de una carta que algún día la victima va a leer. En una de la bitácora fechada el 2 de abril de 2010 se puede leer “Papi tu fuiste tan buena persona que no comprendo por que te mataron papi yo te quiero tanto que te llevo en mi corazón y te llevaré siempre yo te extraño y me duele recordar tu gran sueño que era vernos crecer y que por culpa de unas personas que te hicieron daño a ti y a nosotros no lo pudiste cumplir te quiero te llevare en mi att: Carol”. En otra bitácora, tal vez más desgarradora, se lee “Hola papi hace ya 12 años te fuiste por un grupo de personas no te pude conocer pero haora que te puedo bolver a escribir quiero expresarme y decirte cuanto te amo, hay mi papito lindo sino te ubiecen matado de ceguro estubieras aquí a mi lado. Te pido solo una cosa cuidame desde halla arriba”.

Sobre los destrozos y ladrillos en el suelo, una multitud camina detrás de un gran telón en el que se lee “Territorio de paz”. Así se aprecia la foto más grande que hay en el Salón del Nunca Más, una manifestación en rechazo a la acción bélica que afectó la zona urbana de Granada. El 6 de diciembre del año 2000, la guerrilla de las FARC -luego de dieciocho horas de continuas balaceras- hizo detonar un carro bomba con 400 kilos de dinamita al frente del comando de policía en el casco urbano del municipio. Esta bomba destruyó tres cuadras a la redonda y posteriormente detonaron múltiples cilindros de gas. Como resultado de esas acciones bélicas murieron 23 civiles, 5 policías y se destruyeron 131 casas y 88 locales comerciales. [1]

Dos días después de la toma guerrillera que destruyó parte del pueblo, una pareja se casa como acto de resistencia a la violencia vivida en esa semana. Gloria Quintero -la guía del recorrido por el Salón- expresó sobre este caso que “ellos construyeron amor en medio de la guerra”.

Luego del atentado, algunas cooperativas del municipio lideraron una colecta para reconstruir la zona urbana afectada por el carro bomba, la jornada, que se llamó “Granadatón”, consistió en recibir donaciones de la gente de todo el país y del exterior. Con esta iniciativa se recogieron alrededor de 400 millones de pesos con los cuales se hizo la reconstrucción de las viviendas y locales comerciales.

Entre las muchas historias que se pueden escuchar durante el recorrido por el Salón del Nunca Más, dos nos llamaron mucho la atención: las acciones indignas contra la población civil y el papel fundamental de la Iglesia Católica.

Los diferentes actores armados del conflicto no respetaban a la población civil ni tenían consideración con las personas dentro sus viviendas, a veces mientras los campesinos dormían, escuchaban ruidos y cuando miraban que ocurría se encontraban con militares o guerrilleros en los corredores de sus casas. Otras veces ingresaban violentamente a los hogares, disponían de sus alimentos, animales, e incluso se apoderaban de los jabones de baño de los campesinos.
De otro lado, la Iglesia Católica fue fundamental para la recuperación del territorio y de la confianza entre los pobladores, para mediar entre los grupos armados, para realizar trabajo humanitario y social. Por ejemplo, el párroco de la iglesia invitaba a recoger los muertos que había en los caminos, lideró actividades para sacar de las casas a viudas y víctimas del conflicto que por miedo no querían salir y preferían estar encerrados, también estuvo al frente de las jornadas “abriendo trochas” en varias veredas, las cuales consistían en que algunos pobladores iban con el párroco a arreglar los caminos que estaban llenos de maleza, a arreglar la escuela, a ayudar a los campesinos que no tenían con qué pagarles a trabajadores para recoger la siembra, o a recoger los cultivos de varias fincas que fueron abandonadas porque sus dueños tuvieron que desplazarse. Entonces, liderados por el sacerdote que servía como “escudo de seguridad” muchos granadinos se atrevieron a movilizarse por su territorio y celebraban eucaristías en sitios afectados por la guerra.

 

Para analizar

Con el Salón del Nunca Más se pretende recordar y evitar el olvido porque este no permite verdad, ni justicia, ni reparación ni restablecimiento de derechos, además, allí no se señala, no se estigmatiza ni se discrimina a nadie, se considera que todos los actores armados que participaron en el conflicto de alguna manera son también víctimas y se busca reivindicar esa condición.

Los granadinos, víctimas del conflicto son enfáticos al afirmar que con el rencor y la venganza se hacen daño a ellos mismos, dicen que esos sentimientos negativos producen enfermedades, además, expresan que los graves hechos de la violencia generaron en ellos mucho odio, pero a veces ni sabían a quién se odiaba. Por ello escogieron el camino del perdón, pero sin olvido.

El municipio de Granada es ahora memoria, perdón, reconstrucción, solidaridad, empoderamiento de los miembros de la Junta de Acción Comunal, de las mujeres a quienes les tocó salir a trabajar luego de que sus esposos fueran asesinados, es empoderamiento de las lideresas y organizaciones sociales que construyen procesos de memoria, que adelantan acciones de verdad, paz, reconciliación y, además, que participan activamente e inciden en lo público.

 

[1] Verdad Abierta (2015). Salón del Nunca Más, dolorosamente hermosos para recordar la guerra [Disponible en: http://www.verdadabierta.com/despojo-de-tierras/2624-salon-del-nunca-mas-dolorosamente-hermoso-para-recordar-la-guerra (25/10/2017)].

Autores conjuntos:
Liceth Stephanny Castaño Castañeda
Daniel Restrepo Cano

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Daniel Restrepo Cano
Colombia. Estudiante de Ciencia Política en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.

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