La hipocresía está presente desde la burguesía; los que se jactan de “tener el poder” hasta en los “underground”, los que se proclaman antisistema y quieren escupirle a los que con mentiras, nos engañan.

Lo hizo Hitler cuando propagaba el vegetarianismo como un modo de regenerar espiritualmente la raza humana, Pinochet en el golpe de estado a Chile, Santos cuando se hizo “amiguis” de Uribe para que lo subiera al poder; Peñalosa cuando dijo tener un doctorado y el Papa Francisco los identificó en su iglesia y afirmó que es mejor ser ateo que un católico hipócrita.

Y es que como dice el poema A medias Naranjas: “No me sirve gris ¡Me gusta blanco o negro!” ¡Todo o nada! No comprendo entonces cuál es ese empeño de tantas personas de pasarse la vida con la máscara puesta; sonriendo y lamiendo traseros; una vez están fuera de vista, sacan el arma y la clavan donde caiga.

Unos lo hacen por asegurar puestos, por conservar el buen ambiente, por intereses o porque su vida es una sola mentira desde que se levantan hasta la hora de dormir. No es que esté a favor de las malas relaciones, del rencor, o del aferrarse al pasado, solo me parece que debemos andar siempre con la verdad y como dice el lema de una gaseosa, “las cosas como son”.

La verdad no los entiendo, ni sé cómo hacen; lo he intentado un par de veces y la cara me revela, la actitud me delata. Si alguien no es de mi agrado no recibirá de mi parte desprecios o un trato descortés, para nada; pero tampoco me verán por ahí sonriendo y proclamando falsos halagos.

Cuando alguien no me simpatiza, simplemente ese alguien en mi vida es nada. No olvidemos también que los psicólogos expertos aseguran que eso que tanto desagrada de una persona es el reflejo de un rasgo propio.

Tanto en lo laboral como en lo personal, en lo jovial y hasta en lo virtual trato de mostrarme lo más transparente que puedo. Es por esto que me decepciona en gran medida percibir tanta hipocresía en todos los ambientes.

Escuchar en las oficinas los rumores y chismes de pasillo; literalmente trapean el piso con una persona y más tarde se les ven en escenarios públicos lamiendo las suelas de sus zapatos solo porque esperan que se les renueve el contrato o para que se les ayude en algún proceso de su trabajo.

No se sabe cuál es la peor parte, pues hablar mal de alguien, refleja aspectos peores de quién lo hace; con la misma lengua que dañan, alaban, si esto fuera un proceso químico la saliva debería cuajarse.

También pasa en las mal llamadas “amistades”, personas que se las dan de tener afinidad con alguien solo por interés, para sacarles información, para que las acepten en un círculo social o simplemente aparentar ser muy sociable.

Son de los que te dicen que les agrada tu vestuario y te preguntan dónde comprarlo para luego decirle a sus cercanos que te vistes horrible. Son de los que te dicen que debes luchar por tu amor a pesar de las dificultades y a otros le dicen que eres un imbécil. Son de los que te preguntan sobre tus problemas y hasta te aconsejan, luego se burlan con los demás y buscan la manera de hundirte.

Son de los que te odian en secreto porque no obtuvieron de ti lo que querían pero tienen que aguantarse que pertenezcas a algún grupo; te sonríen y hasta te piden favores, una vez tienen la oportunidad, ponen todo su empeño y maldad en que te expulsen de ese círculo a toda costa.

Y para ser más modernos; son de los que no te siguen en redes sociales y la envidia no les permite dar un “like” pero sí se dejan “pillar” “stalkeándote” en tus historias; pendientes siempre de tu vida, para luego decirle a los demás que no les gusta lo que haces.

Es evidente que el odio nace de la cobardía; de esos hipócritas no se obtienen ataques físicos, así que no hay que temerles. Ellos solo observan como buitres a la distancia, esperando el momento en el que caigas, para poder ser felices. Y no se van, no siguen con sus propias vidas, te miran y te miran, con envidia, con odio, con ansias de celebrar tu fracaso.

Tanta falsedad desencadena en las famosas malas jugadas, las decepciones, los rencores y la absurda necesidad de venganza. ¿Cuál es el afán de estar rodeado de tanta gente, de pertenecer a grupos falsos?

Estas son personas vacías emocionalmente, prefieren el engaño, le temen a la soledad; no pueden estar con ellas mismas, nunca están tranquilas. Por esto, saltan al exterior y dañan a los demás, de cualquier forma, para ver, si al darle rienda suelta a su hipocresía, su infelicidad se reduce y engañan a su propia cobardía.

A ellos, no les queda más que soportar tus éxitos y evidenciar cómo te admiran quienes realmente llegan a conocerte, sus intentos siempre serán en vano.

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