La industria cultural y con ella, la cultura de masas, tienen dos problemas centrales.

Primero. “La civilización actual concede a todo un aire de semejanza”, dicen Max Horkheimer y Theodor Adorno. ¿Por qué un aire de semejanza? Los teóricos lo explican así: “Film, radio y semanarios constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí y todos entre ellos. (…) La participación -en la industria cultural- de millones de personas impondría métodos de reproducción que a su vez conducen inevitablemente a que necesidades iguales sean satisfechas por productos standard”. Es decir, la industria cultural, como cualquier otra, se basa en la igualación y en la producción en serie.

Segundo. “La cultura de masas, en la actualidad, es maniobrada por grupos económicos, que persiguen finalidades de lucro, y realizada por ejecutores especializados en suministrar lo que se estima de mejor salida, sin que tenga lugar una intervención masiva de los hombres de cultura en la producción”, reflexiona Humberto Eco. ¿Qué papel les cabe a los hombres de cultura? El de la protesta y la reserva, dice el autor de “Apocalípticos e integrados”.

Industria cultural implica producción en serie, que deriva en igualación de productos, que conlleva la transmisión de una cultura homogénea. De allí, una de las críticas que se le hacen a los medios masivos de comunicación: dirigirse a un público heterogéneo difundiendo productos similares y, por tanto, suprimiendo diferencias existentes en cada grupo social. “El mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural”, dicen Horkheimer y Adorno. Sus palabras y sus diagnósticos, con origen en los años 40, pueden trasladarse a la actualidad, al mapa de medios actuantes en la Argentina y, en especial, a la televisión.

Nada ha cambiado. La cultura de masas, producto de la industria cultural, sujeta a la ley de oferta y demanda, continua haciendo estragos en los cerebros de los consumidores. Debido al miedo al fracaso, y con ello, a la pérdida de rentabilidad, se impone una tendencia en los productos televisivos de la Argentina. Una tendencia caracterizada por dos cuestiones. Por un lado, la fuerte presencia de programas “periodísticos” -las comillas son intencionales- donde conductor y panelistas se vuelven condición necesaria para su realización. Por otra parte, la inclusión de personas ajenas, en origen, al periodismo, pero que, no obstante, son llamadas a practicarlo.

“Intratables”, “Pampita online”, “Involucrados”, “Todas las tardes”, “Cortá por Lozano”, “Infama”, “Los ángeles de la mañana”. Ejemplos de programas con conductores y panelistas que reinan en la televisión argentina. Programas que se reproducen, unos con otros, sin tregua. “La industria cultural absolutiza la imitación”, expresan Horkheimer y Adorno. Imitación que tiene un motivo central: apostar a lo seguro. Sometidos a las necesidades de lucro, directivos y productores enfatizan en programas que no conlleven grandes gastos. Nada de ficciones, novedosas coberturas informativas o documentales que amplíen el conocimiento del consumidor. Nada de eso. Basta con conseguir un conductor y cuatro panelistas y que se pongan a hablar. Hablar y debatir. Debatir y discutir. Discutir y agredir. Agredir e insultar. Si hay fuertes palabras, mejor todavía. Ello, no hace falta explicarlo, se traduce en mayor rating y, en consecuencia, mayor ganancia para los dueños del canal.

Carolina Losada, Mariano Lúdica, Carolina “Pampita” Ardohain, Cinthia Fernández, Federico Bal, Sol Pérez, Nicole Neumann, Lizy Tagliani, Yanina Latorre, Cristian Urrizaga. Ejemplos de personas que conducen o, al menos, desempeñan una función en los programas “periodísticos”. Actores, modelos y bailarinas son tentados para formar parte del ahora circo de la televisión argentina. Son llamados a cumplir un rol dentro del periodismo que ya no es periodismo desde hace rato. Son lanzados a la pantalla para debatir, preguntar, responder, agredir e insultar. Son puestos al aire por su supuesta popularidad, que atraería a más gente a ver el programa, cualquiera se trate. No importa el contenido de sus opiniones o de su currículum, o de su capacidad. Actores, modelos y bailarinas se han adueñado de la televisión. Los hombres y mujeres de la cultura, como dice Eco, solo desempeñan el pobre papel del reclamo y la reserva.

Se ha establecido el catálogo oficial de los bienes culturales. La tendencia al absurdo se ha impuesto plenamente. La industria cultural sigue siendo la industria de la diversión. Todas aseveraciones de Horkheimer y Adorno, lanzadas hace más de medio siglo, pero que continúan diagnosticando el estado de la televisión argentina. Televisión con productos culturales que pretenden hacer periodismo con intérpretes erróneos. O más bien, quizás, la decisión sea intencional. No se trata de politizar a los programas, sino de farandulizar al periodismo. De volverlo divertido y con ello, absurdo. Se trata de degradar la cultura de masas con productos que entretengan. “El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada”, sentencian Horkheimer y Adorno. Mientras Eco, en el mismo sentido, pone de relieve la visión pasiva y acrítica que incentivan los medios masivos.

En el estado actual de la televisión argentina, y desde hace décadas, los hombres y mujeres de la cultura continúan por fuera del lugar que les corresponde. Es que un insulto le ha ganado a cualquier reflexión interesante. Es que el rating le ha ganado a todo conocimiento posible de ser transmitido. Las malas decisiones, los incompetentes, y los actuales “periodistas” están a la orden del día. Y todo se resumen en la siguiente frase del director y guionista italiano Federico Fellini: “La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”.

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Federico Esteban
Argentina. Escritor de pura cepa, empedernido y creativo. Cronista de diferentes ambientes, abierto a interpelaciones del mundo exterior. Analista político y reflexivo de los fenómenos sociales. Estudia Comunicación Social con orientación en periodismo en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó como productor en Radio Palermo y Radio Sentidos, colaboró con notas en El Informante, Cronómetro en Cero y la Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación (ANCCOM). Actualmente, forma parte del programa "Rebeldes en patas", emitido por Radio Sur FM 88.3.

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