No cabe duda de que una historia donde el personaje principal evoluciona de manera personal, más allá del simple cambio físico, suele enfocarse en la humanidad del mismo: desarrolla los atributos que hacen del sujeto un ser digno de actos heroicos. Se espera que, cada vez que este se enfrente a un problema, haya en él dilemas éticos, cuestionamientos personales o incluso sociales y reflexiones que inviten al lector a descubrir un cambio trascendental en el personaje. Dado el pensamiento antropocentrista que tiene la humanidad, este personaje es en la gran mayoría de los casos un humano (además: hombre, pues son aún más escasas las ocasiones en las que se presenta una heroína, pero este es tema para otra ocasión).

Jack London, con su libro El llamado de la selva, muestra que no es necesario que un personaje con esas características sea humano. Pone como héroe trágico a un animal no-humano, un ser del que -se dice- no se debe esperar más que instinto resulta ser un sujeto dispuesto al aprendizaje y al cambio. Pero no a modo de entrenamiento, ya que no es un perro obediente que memoriza las causas de los castigos y las recompensas; sino uno que realiza deducciones lógicas, propias de la inteligencia racional de la que tanto se ufana el humano. A través de estas descubre que, si A conlleva a B y él no desea obtener B, pues mejor busca una opción C. Esta evolución comportamental es justamente lo que se muestra en la bildungsroman: un ser que se relaciona con el mundo descubre situaciones y experimenta sentimientos que lo llevan a modificar aquellos patrones comportamentales.

El hecho de que London cree un personaje no-humano con posturas éticas propone una desmitificación del animal impulsivo que se limita a actuar por instinto o necesidad, ya que lo muestra como un ser capaz de realizar los razonamientos al estilo de un ser humano. Y son estos razonamientos, justamente, los que hacen que el humano evolucione como persona. Por lo que se entiende que animal y ser humano se encuentran en la misma capacidad evolutiva, dado que actúan a partir de sus experiencias con el mundo externo. Del mismo modo, London no se limita a presentar el raciocinio, sino que muestra también la condición sintiente del animal no-humano. En este sentido habría que apelar a mucho más que el hecho biológico del sistema nervioso, ya que la evolución del bildungsroman no se enfoca en las consecuencias del dolor o placer físico, sino a la regeneración del sujeto que ha sido acarreada por una emoción o un sentimiento. Se muestra al protagonista de El llamado de la selva con una conciencia sobre sí mismo suficiente para iniciar una reflexión en él que, paso seguido, aparece la evolución espiritual o el crecimiento personal (como sea que se le quiera llamar).

Este tipo de propuestas son necesarias para atacar el especismo desde otras posiciones que no sea el activismo directo. El arte, como medio de expresión universal, tiene la responsabilidad de hacerse cargo de los paradigmas de la época para comenzar a moldearlos hacia el respeto y la empatía. Nunca serán suficientes las obras que desmientan la creencia ególatra de que el humano es dueño de los demás seres del planeta: somos compañeros y debemos aprender a convivir en paz.

Compartir
Artículo anteriorPara Valentina
Artículo siguienteGranada, municipio que hace memoria y construye la paz
María C. Poveda
Colombia. Profesional en Creación literaria de la Universidad Central. Amante del ciclismo, la cocina y la literatura. Su preocupación por los posibles alcances de la literatura la ha llevado a buscar, entre historias de ficción y textos no ficcionales, propuestas novedosas que rompan, desde la técnica, los paradigmas teóricos que intentar condicionar la literatura contemporánea. Cree en la libertad de expresión desde la razón, en la reflexión que lleva a la acción y en la palabra que define y distorsiona la realidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

1 × tres =