Desde el punto de vista de la educación, las relaciones que forjan los estudiantes con sus profesores tienen una incidencia bidireccional: transforman tanto a los estudiantes como a los profesores, debido a que la red emocional que ejercen mutuamente permite una comunicación no sólo en el terreno del aprendizaje de conocimientos, sino también del aprendizaje afectivo.

La cinta canadiense Monsieur Lazhar refleja, a medida que percibimos el vínculo emocional que crean los jóvenes alumnos de un pequeño colegio con su recién llegado profesor, el señor Bachir Lazhar, un refugiado argelino, una transformación bidireccional, pues ambas instancias del proceso educativo, la autoridad frente a grupo y los párvulos receptores del conocimiento, transmiten una efectiva muestra cómo las relaciones afectivas son capaces de ablandar la rígida autoridad del educador y de despejar el pasivo desinterés de los educandos, con los que la película fundamenta su primer acto.

Sin embargo, el fruto de esas cálidas relaciones afectivas y el desarrollo de vínculos socioemocionales en el aula de clases es recogido también en la forma de conformación de sólidas estructuras de entendimiento mutuo que muchas veces los estrictos sistemas educativos, incluso los de primer mundo, no entienden o no capacitan a sus autoridades administrativas para que las entiendan. He ahí el clímax de la narrativa audiovisual: la película se precipita, hacia la mitad del tercer acto, a resolver los nudos principales de la trama (sí, nudos, porque esta película contiene interesantes subtramas bien balanceadas) con miras a obtener una reacción satisfactoria de la audiencia, el típico final feliz, aunque todavía el guion se guarda una peripecia final que, además de resultar inquietante, busca generar empatía. ¡En efecto, lo logra!

Esta es una película transparente en su modo de transmitir su mensaje sobre educación e inclusión de elementos afectivos en un aula de clases. Tan es así que, de hecho, es transparente también en la forma en que transmite el sufrimiento que sus personajes experimentan, incluso desde la secuencia inicial: esta película empieza con un alumno descubriendo el suicidio de su profesora (un personaje importante, por cierto, pero cuya fuerza discursiva proviene precisamente de su ausencia). El profesor Lazhar vive en un estado de angustia constante; él mismo nos hace saber que por las noches no consigue dormir bien y en los tribunales donde se da seguimiento a su solicitud de asilo expone, con una tristeza que anega la formalidad del juicio, la muerte de su familia por intervención del gobierno de su país natal.

 Los alumnos que el guion se encarga de resaltar también denotan sus propios problemas emocionales, confusos algunos, traumatizados otros, aunque todos bajo la misma óptica emocional que tan diversa se percibe entre ellos. Siempre me ha parecido un gran acierto de su director y guionista, Philippe Falardreau, haber puesto énfasis en la delimitación de los caracteres emocionales e intelectuales de los alumnos, a fin de demostrar que en un aula de clases conviven toda clase de mentes y toda clase de estilos de aprendizaje, por más que una clase sea para todos ellos. Como profesor, lo sé y entiendo que las relaciones emocionales son determinantes en la formación académica de calidad.

Monsieur Lazhar es una película que entiende la dinámica de la educación y se esfuerza por exponer sus pros y contras, sus formas y las soluciones más recomendables para hacer efectiva el trabajo educativo, además de que resalta los obstáculos a los que se enfrenta la exigencia de una educación de calidad: problemas emocionales personales, burocracia, modelos educativos y rigidez de autoridad.

No obstante, es una película con una singular belleza, una belleza desnuda y directa, que no complica sus subtramas, sino que mantiene unidad a través de la sencillez argumental; su complejidad, insisto, está en el diseño de sus personajes. Con esta obra fílmica uno entiende que la educación de calidad está en los vínculos emocionales que prevalecen entre los alumnos y los profesores.

Película: Monsieur Lazhar (Philippe Falardreau, 2010)

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Juan Manuel Arriaga Benítez
México. El Maestro en Letras es docente con 8 años de experiencia en educación; su ámbito de investigación se centra en el cine, la retórica y las formas de recepción de la antigüedad clásica. Actualmente se encuentra estudiando el Doctorado en Letras en la UNAM. Ha participado en congresos y cursos a nivel nacional e internacional, así como en ponencias dentro de la misma UNAM.

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