Mi gata corre cuando oye su nombre, pero no lo entiende. Conoce la forma del sonido, lo asocia intuitivamente a algún tipo de alerta. Mi gata ignora la razón de las letras, la disposición de símbolos que pasan por mi cabeza cuando grito su nombre. Por ejemplo: Un color grisáceo, el silencio y luego el ruido de las pisadas en la arena. Un signo zodiacal. La cabeza inclinada mirando la noche. Küyen significa Luna.

Los nombres son el producto de un arbitrio cultural. Cuando Adán dictaminó el nombre de los animales, el elefante gritaba con su trompa desde mucho antes. Las aves anunciaban la tormenta. El insecto tocaba su música subterránea. La creación del objeto es responsabilidad de Dios. Los conceptos vienen de la boca del hombre. El sonido pertenece a los animales.

Lo que hice en un inicio fue golpear su plato de comida con una cuchara. Lo golpeaba al ritmo de las corcheas, como quien toca una puerta o golpea nervioso la mesa con su dedo. Mi gata comenzó a entender los presagios de la comida. Tiempo después, decidí alternar su nombre con los golpecillos de la cuchara. La vibración del metal. Küyen, Küyen. El ruido del gato cruzando la casa. El gato comiendo. Luego bastaba con gritar su nombre para que la Küyen viniera a buscar su plato.

Hay palabras configuradas como un reflejo. Cuando los niños lloran, las madres dicen conjuros. Mi niñito, quédese tranquilo, aquí está la mamá. Luego el llanto se apaga. Hijo y madre rememoran la figura del péndulo. Atrás, adelante, el ciclo eterno. Duermen. Personalmente reconozco dos sonidos que encajan con los sortilegios: Cuando iba al colegio acostumbraba quedarme dormido, entonces la puerta de mi habitación se abría y escuchaba la voz de Papá. Hijo. Las palabras se pierden en la memoria.

En ocasiones la gente mayor me tiene por hijo. Un día caminaba por la avenida en donde pasan los autobuses. De pronto oigo un ruido seco. Un limón cruza la calle, por debajo de los autos. Carmen tenía 62 años y yacía tendida en el suelo. Corro a recogerla y reparo en las frutas tiradas por la vereda. En una de sus rodillas había sangre. Señora Carmen se sintió muy avergonzada y se cubrió la herida con su bolsa de nylon. Gracias hijo. Y me dio dos limones. Se quedaron secos con el pasar de los días. Cuando la Küyen vuelve de los techos, los frutos pasan rodando por debajo del comedor. Un aire de mala muerte me recorre la espalda. Un limón choca contra mi zapatilla. Recuerdo la voz de Papá.
Hijo. Si, ya voy. Despierto.

Lo segundo tiene que ver con el silbido de los proyectiles cayendo. En las películas, cuando un misil va en picada al suelo, se oye un silbido agudo que va decreciendo. Diría que es igual al ruido de una ventisca. Un silbido lejano, sin forma, abstracto. Recuerdo haber descubierto el silbido cuando pequeño, mientras veía dibujos animados en la televisión. Jerry escapaba de Tom en medio de una casona norteamericana. Entonces el ratón logra esconderse en una caja, muy arriba, justo encima de un mueble muy alto. Jerry extiende las alas de la caja como si fueran las alas de un avión y se lanza al vacío. Mientras planea, Jerry deja caer ampolletas en la cabeza del gato. El silbido ¡Crash! El aullido del gato Tom. Desde entonces, todo lo que veía caer tenía el sonido de fondo. Las hojas de los árboles, las salchichas que mamá lanzaba a nuestro perro, las lágrimas de mi hermana cuando se fue de casa. Más adelante me agarró una gripe fulminante. Caí en cama por muchas semanas. La fiebre me hacía delirar. Entonces, desde las sábanas y las otras tapas, logré ver en la televisión dos edificios en llamas. En la televisión decía Estados Unidos, luego una voz aterrada, no sé qué más. Tuve muchas pesadillas. Bombas del tamaño de un auto cayendo encima de nuestro techo. Aviones que se estrellaban con la casa del perro. Cuando oigo el silbido de las cosas cayendo, empiezo a sudar y me pongo pálido como la pasta de dientes. La última vez que lo escuché fue en casa de Noemí. Aquella noche nos acostamos y por la madrugada apareció el silbido. Entré en Pánico. Entonces me puse de pie y miré por la ventana. La luna estaba de frente con mi cara. Küyen, te llamas Küyen. Un ronquido. La nariz de Noemí hacía el ruido de las cosas que se caen. La desperté y nos reímos. Hicimos el amor y Noemí quedó embarazada. A los 6 meses nació nuestra hija y días más tarde falleció en el hospital. Se iba a llamar Küyen. El tiempo avanza. Noemí se fue. Desapareció.

Mi gata sigue comiendo. En la mesa de la cocina hay un libro abierto. No recuerdo haberlo dejado ahí. Las letras son gigantes. Las leo desde la distancia, sin la necesidad de mis lentes. Es un libro de poemas, de Jorge Teillier. Las páginas dicen lo siguiente: Para hablar con los muertos / hay que elegir palabras / que ellos reconozcan fácilmente / como sus manos / reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad. Mi gata sigue comiendo. Küyen, Küyen. Déjate de comer Küyen. Entonces la gata se gira y logro ver su rostro de luna. En un costado se ve el occidente y en el otro se ve el oriente. Küyen. Te llamas Küyen. La luna tiene cara y su cara es como la de un gato. Nunca lo había notado. Me siento tan estúpido. Va a amanecer. La Küyen está en el cielo y se va cayendo. La Küyen se va a morir. Mientras cae, el sonido de una ventisca lejana. El silbido de las cosas que se caen.

El teléfono celular suena. Nadie llama tan de madrugada. Respiro fuerte, agitado, cuento los segundos que pasan y el celular sigue sonando. Al rato decido contestar. Aló, ¿quién es? El reloj de mi habitación dice que son las 3 de la mañana. Quien es, por qué no habla. El chasquido de la línea telefónica. Nadie dice nada. Mi cara se contorsiona. Me tomo la cabeza con una mano. El reloj no avanza. Deja de llamarme. Soy Noemí, dice. Nuevamente el chasquido. Hola. El reloj dice que son las 3 con 2 minutos. Me cuesta encontrar las palabras, me cuesta porque se secaron, se desarman en mi boca. Los días avanzan. Küyen significa Luna. No me vuelvas a llamar.

Noemí cuelga a las 3 con 5 minutos.

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Victor González Astudillo
Chile. Finalista del XIV premio internacional Gonzalo Rojas Pizarro en categoría relato con el cuento Primeras letras y escrituras. Tercer lugar Concurso de Microrelatos Club de lectura Universidad de La Frontera 2016 con el cuento Canicas. Tercer lugar concurso Relatos de verano, Universidad Alberto Hurtado. Ha sido publicado en diversas revistas literarias, entre ellas Kaleido, Espora, Nuevo Milenio, Monolito, Libro de arena, Letramía, Palabrerías y el Fanzine Geogra Tabvla Aphica Regni Chili, como miembro del taller Operaciones Narrativas impartido por el escritor chileno Bruno Lloret. Actualmente cursa una Licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad Alberto Hurtado.

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