El expresidente Álvaro Uribe decidió oponerse a las negociaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc consciente de que es la mejor estrategia para aumentar su capital político[i], para defender los intereses económicos de sus partidarios y para mantener acreditada la política de seguridad democrática promovida en sus ocho años de gobierno que consistía en exterminar militarmente a los grupos guerrilleros.  Oponerse a los diálogos para terminar la guerra es la decisión más conveniente para Uribe, ya que los beneficios son mayores para él y para su partido político con vistas a la elección presidencial del 2018, pues captaría electoralmente gran apoyo de la población que siente animadversión por el presidente Santos y por las Farc. Rechazar salidas negociadas del conflicto le sirve para mostrarse como adalid de la justicia afirmando que no negocia impunidad para los terroristas, además, utilizaría su discurso opositor para mostrarse como el salvador de la patria diciendo que “no vamos a permitir que le entreguen el país a las Farc, nosotros nos vamos a oponer”[ii]

Por lo anterior, es evidente que las decisiones y conductas políticas del actual Senador de la República tienen intereses determinados y, para defenderlos, lo más conveniente era elegir la opción donde los beneficios son mayores que los costos: mantener oposición a las negociaciones de paz, con un objetivo claro, aumentar su poder político.

No es nueva la oposición del exmandatario a salidas negociadas del conflicto, en su primera campaña presidencial generó indignación por las bombas, atentados, minas y secuestros de las guerrillas, y su mejor estrategia fue, vaya casualidad, rechazar enfáticamente los diálogos de las Farc con el gobierno de Andrés Pastrana en el municipio de San Vicente del Caguán. Su propuesta presidencial del 2002 fue declarar la guerra frontal contra los actores armados con el lema “mano firme corazón grande”, al respecto, Jairo Gómez en la Revista Semana escribió que “el proyecto que llevó a la presidencia a Uribe Vélez fue su propuesta antiterrorista, antifarc, y sobre la base de exterminarlos militar y políticamente, convenció a un electorado hastiado por la presencia insurgente”[iii].

El político paisa marcaba muy poco en las encuestas y empezó a sumar adeptos cuando se terminó la zona de despeje, muchos colombianos creyeron que Uribe tenía razón en no negociar con los armados y pedían medidas más drásticas para detener la violencia. El detonante de su primera candidatura fue el fracaso de los diálogos del Caguán, aprovechó la frustración que había en el país con el gobierno de Pastrana y con las Farc para lanzarse como el hombre que acabaría, por la vía armada, con el terrorismo. Al respecto, la prensa colombiana en el 2001 se refería diciendo que “con la falta de liderazgo que se atribuye al gobierno (de Pastrana), con la inseguridad rampante, con el secuestro disparado y con el escalamiento de la guerra llegando a las ciudades, los colombianos quieren un hombre con pantalones. Y Uribe Vélez, que tiene pinta de pantalón corto y cara de adolescente imberbe, tiene la imagen de tenerlos muy bien puestos. El ascenso como espuma de la popularidad de Uribe Vélez obedece, no tanto a su figuración -que no es mucha- sino a la coyuntura política del momento” [iv].

En este caso de oposición no hubo costos políticos que pagar, sus beneficios fueron evidentes: ganó la presidencia con el 53% de los votos, buena parte de los colombianos lo veían como el héroe que llegaba para terminar con las guerrillas y su discurso antiterrorista caló tanto en la mayoría de los colombianos que en el año 2006 fue reelegido en primera vuelta.

Más recientemente, con los acuerdos de La Habana, Uribe utilizó la misma estrategia de oponerse a los diálogos de paz para mantenerse en el debate político, sabía que sus intereses electorales se podían maximizar, por eso, su decisión fue desprestigiar el acuerdo para la terminación del conflicto y hacer campaña para votar No en el plebiscito que los buscaba refrendar.

Al ver que todos los partidos políticos respaldaban el proceso de paz, tenía una oportunidad enorme para mostrarse como el representante de los ciudadanos que están en contra de Santos y de las Farc, logró mantener vigencia en los medios de comunicación apareciendo como si fuera el único contradictor del proceso de paz y como el principal líder de la campaña por el No al plebiscito. Supo sacar provecho de esa mediatización, sería tema inevitable en las discusiones políticas del país, además, mantenerse constantemente en la prensa fue una gran ventaja para ganar adeptos y para dar a conocer a sus precandidatos a la presidencia.

Con el fin de ganar seguidores, Uribe y los miembros del Centro Democrático sembraron terror en los ciudadanos ingenuos haciéndoles creer que el presidente Santos llevaría a Colombia al “castrochavismo”, generaban miedo cuando se decía que el acuerdo de paz era para “entregar el país a los terroristas”, aprovechaban para hablar del mal gobierno de Nicolás Maduro e hicieron creer que con las Farc haciendo política la situación en Colombia sería igual a la de Venezuela o Cuba.  La impopularidad de Santos, el desprecio por las Farc y el rechazo a la crisis política y económica que se vive en Venezuela fueron los temas aprovechados por Uribe y sus secuaces para ganar adeptos en su partido político.

Los afiches de la campaña liderada por Uribe para no apoyar el plebiscito decían No+Santos, revelando la estrategia uribista frente a las negociaciones de La Habana: desacreditar a Juan Manuel Santos, para que, quienes sienten desfavorabilidad por el presidente vean en el Centro Democrático el partido que los representa y de esa manera ganar votos para las elecciones del 2018.

Álvaro Uribe sabe que criticar los acuerdos de paz implica unos costos políticos, era de esperarse críticas de la prensa, reacciones de partidos políticos, de organizaciones sociales, estudiantes, víctimas, entre otros, que podrían calificarlo como el hombre que no le permite tener al pueblo colombiano la esperanza de un país en paz después de cincuenta años de conflicto armado interno. Incluso, en un editorial del periódico estadounidense The New York Times el expresidente Uribe fue calificado como “el hombre que bloquea la paz en Colombia”[v]. Un costo político que debe asumir Álvaro Uribe por oponerse a los acuerdos de paz es quedar ante la comunidad internacional como un promotor de la guerra, porque, es importante anotar, todos los países del mundo han respaldado al presidente Santos por sus negociaciones de paz.

Se ha escuchado que Uribe pasará a la historia como el político que se niega a terminar la confrontación armada, pero eso no le ha importado, incitó a sus seguidores a rechazar tajantemente los acuerdos negociados en la Habana, se la jugó toda por conseguir que en el plebiscito no se aceptara el acuerdo final, logró demostrar su gran poder electoral y siguió vigente como un caudillo popular.

El beneficio contundente de haberse opuesto a los acuerdos de paz fue conseguir que no se refrendaran en el plebiscito. El “Sí” obtuvo el 49,7% y el “No” un 50,2%, aunque no fue mucha la diferencia, Uribe demostró que sigue siendo una fuerza electoral y política muy importante, además, logró que se modificaran algunos puntos del acuerdo de paz y pese a ser renegociados siguió lanza en ristre contra ellos, demostrando que definitivamente no está de acuerdo con el fin de la confrontación armada.

Pero en el uribismo no solo se oponen al acuerdo de paz para conseguir apoyo electoral, sino que lo hacen para defender los intereses políticos de sus partidarios y financiadores de campaña, por ejemplo, muchos terratenientes podrían verse afectados con la reforma agraria y grupos empresariales podrían ser juzgados en la Justicia Especial de Paz por financiamiento a paramilitares[vi]. Es de recordar que Postobón ha sido señalada de pagar millonarias sumas de dinero a grupos al margen de la ley[vii] y, no es un secreto que sus dueños, la Organización Ardila Lule, ha hecho donaciones a las campañas de Álvaro Uribe, como en el 2002 cuando a través de RCN Televisión le aportaron más de 200 millones de pesos a la campaña presidencial[viii].

Uribe tiene que elegir a quién o a quienes atacar para poder continuar en el escenario político como un líder, tiene calculadas previamente sus conductas con el fin de lograr su objetivo, que claramente es mantener poder político y aumentar su caudal electoral. En el texto Perfil del expresidente y senador Álvaro Uribe, Beatriz Restrepo, afirma que: “Desde los  inicios mismos del proceso, antes aún de que se conocieran algunos de los acuerdos alcanzados todavía en borrador, ya el senador Uribe había iniciado su campaña de oposición pues las conversaciones de La Habana le ofrecían  la ocasión única y feliz, que no podía desperdiciar, de reunir en un mismo plato los dos enemigos que por años habían sido la razón de ser de su existencia como político: la guerrilla de las FARC y el presidente Santos”[ix].

La oposición de los uribistas a los acuerdos de paz no es tanto por las diferencias con el gobierno de Juan Manuel Santos sino más bien porque son todo lo contario a la ideología política de las Farc. El uribismo es un movimiento profundamente anticomunista y conservador, algunos analistas lo califican de ultraderecha, por el otro lado, las Farc se autoproclaman como anticapitalistas y como revolucionarios de inspiración marxista.

Es claro que Uribe ha pretendido acabar militar y políticamente con la izquierda colombiana. Como estrategia militar pretendía abatir a las Farc y al ELN, al respecto, el columnista Alfonso Forero, dice que “La guerra contra las Farc nunca fue una guerra contra el terrorismo, siempre ha sido una guerra contra el comunismo”[x]. La mejor estrategia política de Uribe para descalificar a sus detractores es señalarlos de comunistas, por ejemplo, en el 2006 en plena campaña presidencial, se refirió a su rival, Carlos Gaviria Díaz, diciendo que “el país va a tener que escoger ahora si vamos a seguir con el mejoramiento de la seguridad democrática como camino a la paz o vamos a retroceder para que con el comunismo disfrazado se le entregue la patria a las Farc”[xi]. También ha descalificado a sus críticos de la prensa acusándolos de ser miembros de grupos guerrilleros, sobre Yohir Akerman de El Espectador escribió en twitter “JohirAkerman, desteñido militante del ELN que busca notoriedad con la honra de los míos y la personal”[xii].

Ese juego político de mostrarse como el salvador de la patria, de rechazar salidas negociadas al conflicto y hacerse enemigo de las Farc para ganar simpatizantes y electores siempre le ha salido bien a Álvaro Uribe, le sirvió para ganar dos veces la presidencia, para llevar a Juan Manuel Santos a su primera presidencia y también salió victorioso en las votaciones del plebiscito, quedamos ahora pendientes de las elecciones del 2018 para ver si corre con la misma suerte.

[i] “El capital político de un individuo o grupo es el conjunto de sus conciudadanos que están dispuestos a ayudarlo con su voz, voto, tiempo o dinero. Quien posea algún capital político querrá acrecentarlo o al menos conservarlo”.
Bunge, M. (2009). Cómo derrochar capital político. La Nación. Recuperado de
http://www.lanacion.com.ar/1210183-como-derrochar-capital-politico
[ii]  (2015). Exitosa jornada en compañía del expresidente Álvaro Uribe por los municipios de Necoclí, San Pedro, San Juan de Urabá y Arboletes.  Centro Democrático. Recuperado de  http://www.centrodemocratico.com/?q=node/3983
[iii] Gómez, J. (2016). Uribe y la paz. Semana. Recuperado de http://www.semana.com/opinion/articulo/jairo-gomez-uribe-y-la-paz/503901
[iv]  (2001). El fenómeno Uribe. Semana. Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/el-fenomeno-uribe/44713-3
[v]  (2016). Álvaro Uribe, el hombre que está bloqueando la paz en Colombia. The New York Times. Recuperado de https://www.nytimes.com/es/2016/10/14/alvaro-uribe-el-hombre-que-esta-bloqueando-la-paz-en-colombia/
[vi] Flórez, M. (2016). Estos son algunos de los empresarios (y las empresas) investigados por financiar a los ‘paras’. Pacifista. Recuperado de http://pacifista.co/estos-son-algunos-de-los-empresarios-y-las-empresas-investigados-por-financiar-a-los-paras/.
[vii]  (2016). Ordenan investigar a Postobón por supuesto apoyo a grupos paramilitares. W Radio. Recuperado de  http://www.wradio.com.co/noticias/judicial/ordenan-investigar-a-postobon-por-supuesto-apoyo-a-grupos-paramilitares/20160711/nota/3185465.aspx
[viii]  Moreno, M. (2006). Los patrocinadores de Uribe. Semana. Recuperado de
http://www.semana.com/nacion/articulo/los-patrocinadores-uribe/77490-3
[ix]  Restrepo, B. (2016). Perfil del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez [archivo PDF]. Recuperado de http://www.udea.edu.co/wps/wcm/connect/udea/c1d0bb90-b879-4a01-bddd-7a72ed1532c7/Beatriz+Restrepo +Semblanza+de+Alvaro+Uribe+Velez-+(1).pdf?MOD=AJPERES
[x]  Forero, A. (2014). Paz: ¿legalizar el comunismo? El Espectador. Recuperado de https://www.elespectador.com/opinion/paz-legalizar-el-comunismo-columna-469598
[xi]  (2015). Álvaro Uribe vs Carlos Gaviria Elecciones Colombianas del 2006. Recuperado de
https://www.youtube.com/watch?v=PYw93s6AXQI
[xii] https://twitter.com/AlvaroUribeVel/status/714697237759193088
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Daniel Restrepo Cano
Colombia. Estudiante de Ciencia Política en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.

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