Con la espalda curva un hombre golpea las teclas de su notebook. La temperatura del cuarto sube con el pasar de las horas. Dentro de su cabeza [Imágenes superpuestas/descomposición/ pequeños atisbos de fotografías imaginarias] Un hombre escribe una bitácora secreta mientras otro le apunta la cabeza con una pistola. Un pasajero descubre su nombre escrito en la baranda de un autobús. Al borrarlo, el vehículo se estrella. Otra imagen. Una mujer sueña que es un ángel. En el sueño puede verse a sí misma y se nota obscenamente humana. Al despertar, toma una cadena y se cuelga del techo. Las imágenes se revuelven.

El cuerpo le tiembla, se muerde los dedos. Entorna los ojos y vuelve las manos al teclado. Reescritura. Hay que reescribir los diálogos. Hay que borrarlos. Reescritura. Repite el ciclo. Nuevamente el revoltijo de colores. La cabeza le hierve, no ve nada, el vapor le nubla los ojos. Las manos se le caen. Producto del agobio de no poder escribir nada, Gonzalo se desparrama en su silla y cierra la cabeza entera. A pesar de todo, el rostro de Gonzalo despide la apariencia de una esfinge. Duerme.

Gonzalo tiene una cara multiforme. Cuando escribe sufre a ratos la muerte de sus músculos. La cara se le cae, se nota avejentado, ojeroso, atacado por lagunas negras, forados del tamaño de un puño en la superficie de la memoria, pero cuando duerme o simula estar en un trance como el de ahora, su cara se mueve como si pequeños animales pasaran por debajo de la piel. El tiempo se desacelera, las venas le vuelven a palpitar. Gonzalo regresa a su estado primitivo.

Con la cabeza cerrada, recuerda las cosas que hizo antes de encerrarse en su habitación. Desde eso ya han pasado ocho días: Luego de una visita improvisada de la Maca, uno duerme y el otro lo imagina desnudo. Gonzalo despierta. La vagina y el pene. El pene y la vagina. Al terminar, Gonzalo se lanza de espaldas y repara en los secretos del techo. Su casa, que es toda de madera, genera figuras circulares en las tablas que cruzan el cielo. Las figuras son similares a orificios hechos con un taladro. Esto le incomoda profundamente, como si alguien le observara desde el entretecho. Toma la ropa desperdigada por la cama y se cubre el sexo.

Al rato se le observa sentado en la silla de su escritorio. Oye Cheve, te traje una sorpresa ¿Qué me trajiste? Mira, un libro raro que me robé de la casa de mi tío. El libro tiene la apariencia de ser clandestino. Se hace evidente que su fabricación no pasó por un trabajo editorial. Gonzalo piensa que se parece a los libros que venden los escritores callejeros; una mezcla de artesanía con literatura emergente. Debe ser un trabajo del tío de la Maca. Lo toma con cuidado y revisa su contenido. Una antología. En la primera página hay una pequeña inscripción:

El presente libro es un trabajo recopilatorio de 20 voces jóvenes de la nueva literatura urbana en Latinoamérica. El oficio escritural, el desarraigo, la renuncia y la perdida son los ejes argumentales de los relatos que pertenecen a esta antología.

Todos los relatos son anónimos.

Siente curiosidad. Son tres cosas las que excitan el corazón de Gonzalo:

1. Cuando llueve y el viento pareciera cruzar los ventanales.
2. Las caderas de la Maca, las cuales parecen ser de una estatua romana.
3. Las letras perdidas. Lecturas extrañas, de naturaleza contrabandista.

Gonzalo recuerda de sopetón que lo observan. Siente pudor de su desnudez.

El tiempo avanza. Todos están vestidos. Gonzalo, que sigue en su silla, comienza a divagar. Con los ojos puestos en una silueta mental, Gonzalo se refiere de modo extenso a los poemas de un tal Roger Rabinovich, un autor norteamericano a quien se le perdió la pista luego de la segunda guerra mundial. Sobre el trabajo de Rabinovich se sabe lo siguiente: Escribió su obra tanto en inglés como en hebreo. Pocas son las traducciones al castellano. Hizo un uso indiscriminado de la libre escritura, aunque su métrica siempre osciló dentro de los márgenes del verso menor. Respecto a los escritos, estos pertenecen al poemario Manufacturing Code (Rabinovich, 1941). La lírica se refiere principalmente a un grupo de mujeres que pertenecen a una raza desconocida. Algunas viven en sociedades industriales, otras recorren basurales infinitos. Dentro del poemario, las mujeres poseen pedazos de metal manufacturado en vez de carne y una estructura ósea. Sobre la piel le recorren códigos extensos de industrias automotoras. La Maca es consciente de la realidad de los poemas: Es parte de una ficción. Gonzalo es, de algún modo, Roger Rabinovich, aunque solo de forma locutora. Las palabras de Gonzalo son equivalentes a la duración de una pulsión eléctrica. Se vuelven vapor como sus pensamientos. Por su parte, la Maca disfruta de las mentiras que parecen literatura. En silencio, observa las formas geométricas que hacen los labios de Gonzalo. Cuando habla, constantemente mueve los brazos, emulando contorsiones natatorias. Al mentir, Gonzalo se ahoga, flota inerte en el agua. Otras imágenes: Los libros sobre los muebles. El gato y sus deseos de escapar por la ventana. Los orificios del techo. Los libros desordenados sobre la cama. El libro que le regalé al Gonzalo. Mi cuerpo. Mi cuerpo extendido. Mis piernas largas. Mis uñas mal pintadas. Se me hizo tarde Gonzalo, me voy para la casa. Ponte a leer Cheve. Luego me hablas.

Cuando la Maca abandona el cuarto, Gonzalo revisa con ansiedad el libro que le han traído. Lo abre aleatoriamente y se encuentra con el siguiente texto:

Durante el otoño, un estudiante de Abogacía en la Universidad de la República del Uruguay decide abandonar todo y dedicarse al incierto recorrido de ser escritor. Al pasar de un año, el protagonista se ve sumergido en un cruento abandono. Mientras los días avanzan, el joven escritor se esmera en desarrollar uno de sus primeros proyectos. De pronto, las hojas de su cuadernillo lucen todas escritas, pintadas con garabatos y otros rayados que solo él entiende. Una chilena de cabello rizado y de piel morena se entrelaza con la soledad del personaje. Inician un intenso romance. Inconscientemente, la mujer empieza por aparecer en los relatos breves sobre las noches ruidosas de Montevideo. Los meses pasan. El protagonista, al notar que tiene el suficiente material como para construir un libro, toma la decisión de enviar su trabajo a un certamen literario en su ciudad. Luego de esto, los días vuelven a oscurecer. La mujer le revela al protagonista que debe volver urgentemente a Chile. El joven uruguayo decide acompañarla. La mujer se lo impide. Desaparece. Tras la salida abrupta de la mujer, el fallo del certamen sale a la luz. El protagonista es premiado con el segundo lugar y algunos de sus relatos son publicados, luego decide volver a la universidad. El seudónimo del cual hace uso el protagonista, no es otro que el de Gonzalo Echeverría.

Tras la lectura, Gonzalo se siente atravesado por una serie de golpes eléctricos. Sus deseos afloran de manera bulliciosa: Escritor. Gonzalo entiende la lectura que acaba de realizar como un tipo de augurio o una señal premonitoria. Luego de esto cae en un sueño profundo y se ve a sí mismo encerrado en su habitación escribiendo por largas horas. Al despertar, el sueño pasa a tomar forma corpórea. La extensión de este último ha sido de 8 días.

Sobresaltado por el ruido de su teléfono celular, Gonzalo rompe su trance y recorre la habitación en busca del aparato. Al encontrarlo, se da cuenta de que lo está llamando un amigo: el Luciano. Por un rato duda en responder. Sigue mareado. Siente la lengua trabada. Al final decide contestar ¿Luciano? Wena ¿Cómo estay? No, aún no he escrito nada ¿Si? Eh si po, si, dale, cuéntame. Lo que oye de la boca del Luciano es lo siguiente:

A la entrada de un bar el Luciano se encontró con la Maca. Esta última no se percató del amigo de su pareja. El Luciano optó por no saludarla. Entró con un tipo alto, delgado y con el pelo largo. Tomaron una mesa arrinconada y pidieron unos tragos. Con intenciones de seguir observando, el Luciano toma asiento junto a sus amigos en una mesa lejana a la de la Maca, siempre con el cuidado de que esta no lo note. Al pasar de los minutos, el Luciano nota que la Maca se ve triste, inquieta, quizá aburrida. Tiene los labios apretados, las piernas cruzadas y pareciera no quitar la vista de un punto fijo en la pared. Siguen hablando, la Maca y el desconocido. Se acercan. Se dan un beso. La Maca lo interrumpe repentinamente, toma sus cosas y se marcha del lugar. Pasa por un costado del Luciano y aun así no lo nota. La Maca marchaba con los ojos cerrados. La historia culmina con una pregunta nerviosa: Oye, Gonzalo, hueón ¿Sigues ahí?
Si, si estoy.

Por un rato, lo único que se oye en el celular de Gonzalo son los chasquidos de la línea telefónica, luego el Luciano dice que llamará más tarde, que cualquier cosa le avise. Chao, hablamos.

Gonzalo, quien estaba desparramado en su silla, ahora toma una forma líquida y se estrella con el piso de su cuarto, tal como si fuera una mancha de aceite. Gonzalo, quien acostumbraba aparentar unos 7 u 8 años más en el cuerpo, ahora se ve como un adolescente lleno de espinillas y con el pelo graso.

El cuerpo le tiembla, se muerde los dedos. Entorna los ojos y vuelve las manos al teclado.

Gonzalo Echeverría logra escribir su primer cuento.

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Victor González Astudillo
Chile. Finalista del XIV premio internacional Gonzalo Rojas Pizarro en categoría relato con el cuento Primeras letras y escrituras. Tercer lugar Concurso de Microrelatos Club de lectura Universidad de La Frontera 2016 con el cuento Canicas. Tercer lugar concurso Relatos de verano, Universidad Alberto Hurtado. Ha sido publicado en diversas revistas literarias, entre ellas Kaleido, Espora, Nuevo Milenio, Monolito, Libro de arena, Letramía, Palabrerías y el Fanzine Geogra Tabvla Aphica Regni Chili, como miembro del taller Operaciones Narrativas impartido por el escritor chileno Bruno Lloret. Actualmente cursa una Licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad Alberto Hurtado.

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