El objetivo del juego era hacer feliz al personaje principal, así de sencillo. Nuestro vicio era mantener la barra de felicidad al cien por ciento. Jugábamos por horas, nos íbamos enganchando cada vez más, éramos atraídos por la forma en la que se asemejaba a la realidad. Cada uno de los personajes tenían la vida que algún día deseábamos tener, los hacíamos más millonarios, más guapos, más guapas, los formábamos independientes, famosos, únicos en el universo, con las mejores habilidades que podrían existir, más inteligentes, más poderosos, seres perfectos, con el único objetivo de ser felices; jugábamos todas las recetas que conocíamos para conseguirlo.

El juego era adictivo, desde que te levantabas hasta las últimas horas de la noche en la que el brillo de la pantalla no llama tanto la atención como para hacer sonar la puerta. Y ahí estábamos matando el tiempo, como si tuviéramos mucho, pero es que el tiempo pasaba tan lento cuando entrabamos a The beginning of life. Teníamos unos doce años, cuando se puso de moda.

Mientras que nuestras vidas transcurrían aburridas, inclinados ante la monotonía del colegio, la familia, los horarios, las comidas; todo era diversión dentro de The beginning of life. Éramos lo que siempre soñábamos ser: estrellas de rock, actores, jugadores de los mejores equipos de futbol, cocineros, amas de casa, padres de familia, modelos empresarios, empresarias, científicos, héroes, villanos, gobernantes, revolucionarios y hasta vagabundos. Éramos cien vidas en una tarde de vagancia después del colegio, el tiempo lo manejábamos a nuestro antojo, pasaba un año, pasaba un minuto.

Así mandábamos a ese calendario virtual, hasta que el fantasma del lunes llegaba una noche de domingo para recordarnos la realidad. Nuestros desvelos matutinos, provocaban el enojo de nuestras madres, quienes no dejaban de insistirnos que Dios nos castigaría por pasar tantas horas de pereza, y desperdiciar nuestra juventud tumbados en la alfombra con nuestros auriculares, un enorme teclado y dos litros de helado.

Aun así, en este universo nuestras pequeñas creaciones eran desobedientes. Cuando teníamos que interactuar con el mundo real, dejábamos el modo “free hands”, lo que para nosotros podían ser solo los minutos necesarios para hacer pipi, en The beginning of life, era suficiente para que nuestra creación terminara invalida, en banca rota, divorciado, divorciada, viudo, viuda, asesino, asesina, adicto, adicta, padre, madre, abuelo, abuela, enamorado, enamorada, deprimidos…como si los personajes se aburrieran cuando encontraban la felicidad y aprovecharan cada gota de libertad para escapar de la fastidiosa serenidad. La libre conciencia los volvía infelices, erráticos, furiosos por no poder controlar lo que nosotros podíamos resolver con un par de botones.

Al regresar y hacer un análisis de daños, podíamos reconstruir algo de sus vidas, nunca eran tan tontos como para matarse, a menos que nosotros se los ordenáramos.

Recuerdo a mi amigo Elías, que su pasatiempo favorito era llenar la barra de felicidad de su personaje al cien, cuando lo conseguía lo hacía arrojarse del último piso de su propio rascacielos que siempre construía más alto que el anterior, para luego recomenzar el mismo personaje, una y otra vez. Cuando le preguntábamos porque lo hacía, él contestaba que era como acomodar las fichas de dominó una tras otra y sentir la satisfacción de empujar la última y verlas caer.

Han pasado varios años, es una tarde preciosa, miro con orgullo la oficina que construí, todos mis años de trabajo, todos mis sacrificios se veían tan pequeños desde mi pent-house. Abro la ventana, salgo el precioso patio, respiro satisfecho, inflando el pecho, sonrío y subo a la orilla. Es como si ese pequeño con la playera manchada de helado todavía estuviera manipulando los botones. Doy un paso y salto al vacío, esperando no tener que repetir lo mismo otra vez.

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Jennifer Ramos Morales
México. Nació el 6 de noviembre de 1989. Criada en Cuernavaca Morelos México. Una infancia solitaria la hizo refugiarse en su imaginación, adquirió el gusto por la escritura desde muy corta edad, escribiendo experiencias, poesía y cuentos cortos en diarios personales, pero nunca permitió que nadie la leyera. Al terminar la universidad, viajo durante un año a Francia, lo que la ayudó a abrir un poco su panorama, regresó a México para vivir Cancún, después de un año, una serie de eventos causaron una catarsis emocional, que la llevaría a regresar al refugio que ya conocía, por lo que eventualmente comenzó un blog en internet en el que sube algunos textos, asistió al taller “libertad bajo palabra” impartido por Macarena Huicochea.

4 Comentarios

  1. Felicidades Jennifer, es muy gratificante ver el inicio de algo en el que tanto tiempo has invertido tu esfuerzo, es increíble pensar como intentamos hacer planes de nuestra vida, ya sea simula o en tiempo real, más yo pienso que el hombre por naturaleza ama la teoría del caos o cómo lo dicen los amigos A LA GENTE LE ENCANTA LA MIERDA

  2. Felicidades hija por fin tus sueños se hacen realidad,este es un principio de lo bueno que te tiene la vida ,no cabe duda que tienes un gran talento.
    Me siento muy orgullosa de ti sigue adelante con todos tus proyectos te amo hija .

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