Fotografías: Felipe Orozco M.

Hablan: Katherine Llano (la amiga), Edilma Ramírez Noreña (la madre) y Elizabeth Gallego Ramírez (la muchacha que pinta con los pies).

Pequeñas pinceladas van dando forma a su lienzo, al que ahora solo se le dibujan pocos trazos: Marina es el título. Su mesa de trabajo, que está fabricada especialmente para sus necesidades, se ve ocupada por pinceles, la tela y una tabla para los colores. Mezclas de óleos en tonalidades azuladas bañan la paleta de la artista, mientras ella, sutilmente, agarra el pincel entre su dedo gordo y el siguiente. Trazos cortos y delicados van dando forma a lo que ahora se adivina es el mar que golpea la playa y una canoa que yace solitaria.

Los ojos de propios y extraños no dejan de mirar y sorprendidos preguntan si ella, la artista, pinta así porque quiere o no puede pintar de otra manera. ¿De qué otra forma puede pintar alguien que sabe hacerlo bien? Otros tantos la felicitan, se admiran, la ovacionan.

La carpa, el espacio, la comida y el acompañamiento puestos a disposición de la artista por parte de la Secretaría de Educación y Cultura del municipio de Copacabana y su alcaldía, la abrigaron de la inclemente lluvia, que no fue limitante para ella, aunque el torrente de agua corriera por las calles, salpicando el lienzo y su pie.

La amiga:
Yo la conocí en primaria, cuando tenía siete años, por medio de mi hermana que estaba con Elizabeth en el mismo salón. Nunca la vi de manera diferente y me daba mucha rabia porque los niños se quedaban mirando raro, sabiendo que ella es más verraca que yo, o cualquiera. Nosotros teníamos que quitarle los zapatos, las mediecitas, entregarle el lápiz y ponerle el borrador ahí en su escritorio.

Nuestra relación es veinticuatro siete. La considero como mi hermana y como desde niñas nos conocemos hemos pasado mucho tiempo juntas. O yo me quedo en su casa o ella en la mía. Recuerdo cuando nos enseñó a mi hermana Sindy Lorena y a mí, a escribir con el pie. También recuerdo mucho que le enseñamos a Eliza a hacer trenzas en el cabello. Siempre hacemos cosas juntas, tanto así que nos enseñó a hacer origami.

Nunca la vimos diferente, ni ella a nosotros. Siempre fuimos amigas y nada nos limitó serlo, aprendimos cosas juntas como cualquier grupo de amigas que se enseñan, se ríen, salen a pasear, a los centros comerciales o por ahí a comer. El optimismo es lo que más le admiro y es eso lo que nos mantiene unidas.

La madre:
Lo más importante para mí fue ver sus deseos de estudiar, de salir adelante, de progresar. Y con esas ganas que ella mantenía de vivir, porque en la carita lo reflejaba. Yo sí me deprimí por mucho tiempo, pero de verle a ella esas ganas de salir adelante me dijo ¡no, vamos a trabajar con ella! El mejor psicólogo que yo necesité fui yo misma para poder salir a delante y ella, con esas ganas de vivir y ver ese ese esfuerzo. Todo fue un proceso y hoy por hoy me siento una mujer realizada, feliz. Y véala como la llevamos de bonita y adelante.

Cuando ella salió de estudiar me dije: —No, yo tengo que buscarle profesor a Elizabeth para que empiece a estudiar artes plásticas. Entonces me dicen: —Andá a la Casa de la Cultura—. Voy y le digo a don Darío: —don Darío, acá que dan clases de pintura y yo quiero entrar a Elizabeth, ¿qué posibilidades hay? —. Y entonces me dijo: —Venga mamá, vamos a hablar con el profesor—. Y Felipe no lo pensó dos veces. Recuerdo que don Darío le dijo: —Felipe, ¿vos cómo ves para enseñarle a Elizabeth, ella que lo necesita con los pies. Y dijo: —¡De una! Yo todo lo veo normal, para mí no hay nada difícil—. La verdad es que nosotras le debemos mucho a la Casa de la Cultura, porque siempre han estado con nosotros, apoyándola a ella en lo que necesite.

Yo me pongo a pensar que ella ha querido salir adelante y se ha dejado, entonces yo la he estado apoyando. Yo la apoyo a mi manera y el papá también porque trabaja todo el día en la ferretería y por eso me siento orgullosa, porque uno puede ver los logros que ella tiene. Si hoy me muero, me muero tranquila.

La muchacha que pinta con los pies:
Yo antes pintaba y escribía con la boca, pero la verdad es bastante complicado, sobre todo porque después de una operación de columna, en la que me pusieron platinas, quedé mucha más rígida. Ya no soy tan elástica.

Aunque yo puedo hacer muchas cosas, mis compañeros siempre me colaboraron para abrir la lonchera o los cuadernos. Los profesores me tenían mucha paciencia, me apoyaron mucho. Por ejemplo, a la hora de la comida, ellos me ayudaban, al igual que mis compañeros. Siempre fui una más en la escuela y en el grupo, tanto con profesores como con los compañeros. Supe manejar mi discapacidad y me di un lugar.

A la edad de siete años empecé con la pintura. Agarré un lápiz y me puse a hacer dibujos. Realizaba árboles, pequeños bodegones o naturaleza muerta. Me gustaba hacerlo, porque los podía regalar, era una forma de poder expresar lo que siento.

Yo estoy becada por APBP [Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie], de Suiza. Ellos mensualmente me envían dinero y con éste puedo comprar materiales y pagar un profesor particular. El acuerdo es que nosotros debemos enviar nuestras obras para ser expuestas por toda Europa. Con ellas también hacen tarjetas de navidad y afiches, por lo que ellos también se ven beneficiados con lo que nosotros hacemos. Ellos son una gran bendición, porque nos apoyan y podemos realizar nuestros sueños como personas y pagar nuestros estudios en arte.

La Casa de la Cultura [de Copacabana] también ha sido de gran apoyo, porque he aprendido muchas cosas. Felipe, el profesor, es una gran persona y un gran profesional. Y aunque hay mucha gente que es autodidacta, a mí sí me gusta tener técnica, que me enseñen. Mis compañeros de la Casa de la Cultura también han sido de apoyo y me ayudan cuando lo necesito y lo ven normal, soy una estudiante más entre ellos.

Mi intención es vender cuadros y si resulta quien los compre, los vendo. Por ejemplo, en el dos mil catorce me fui a pasear con mi mamá a Los Ángeles, California y me llevé doce obras. Allá la expusieron y me entrevistaron por Univision y por medio de la entrevista vendí todas las obras.

Quiero seguir exponiendo bastante, a nivel mundial. Y aunque me queda muy complicado asistir a una universidad, porque todo le toca a mi mamá, si me gustaría y mucha gente ya me lo ha dicho. Pero la verdad es que sí quiero exponer por todo el mundo.

No me siento mal por lo que tengo, porque mi discapacidad me puede llevar a grandes logros personales e inspirar con mi ejemplo de trabajo, para que otras personas también lo logren.

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Alfredo Madrid
Colombia. Antropólogo y periodista. Encontró en la crónica la mejor manera de ver el mundo, porque aunque son cuentos, también son verdad.

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