Hace poco estaba hojeando algunas páginas del escritor estadounidense Mark Twain y encontré la siguiente frase: «Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar».

En un mundo moderno y cibernético, en el que se encuentran tantas opciones para todo a través de Facebook y otras redes sociales, vemos a muchas personas, incluyéndome, tratando de adoptar estilos de vida diferentes.

Estamos entonces los que escuchamos punk porque nos identificamos con sus ideologías, los vegetarianos y veganos que están en contra de la esclavitud de los animales, los anarquistas, las feministas, los homosexuales y una cantidad de grupos que intentan ser diferentes en una sociedad que aún es machista, explotadora, conservadora y religiosa.

En mi experiencia personal he tratado siempre de salirme de lo cotidiano, de conocer los diferentes grupos y adoptar de ellos lo que considero bueno según mis pensamientos y reflexiones; no obstante llevo ya varios años intentando hacer o encontrar la diferencia, en algo que la sociedad moderna denomina «trabajo».

Un día cualquiera en la oficina, hice una pausa y reflexioné.
Vi en ese entonces a una joven de 23 años envuelta en una mayoría que invertía la totalidad de su vida en trabajar.
Personas que llegan a la oficina a las 6 de la mañana y se van a las 10 de la noche. Llegan a su casa a seguir trabajando y los fines de semana también tienen reuniones laborales y otras sesiones llamadas «planeación estratégica«.

Desde entonces he buscado desesperadamente, sin mucho éxito, la manera en la que el trabajo no consuma la totalidad de mi vida.

Si bien vivimos en un mundo capitalista, consumista en el que el sistema es inevitable y el dinero es necesario, no deseo vivir como esclava de éste, ni llevar una vida en la que mi juventud y energía se vayan en el cumplimiento de los objetivos de otra persona.

La gente dice: «Es mejor madrugar a trabajar que a conseguir trabajo». «El trabajo es sagrado». «Hay que trabajar arduamente ahora para después ver los frutos». Frases que respeto y comparto en gran medida.

Si el trabajo es la forma de «ganarse la vida» quiero entonces un trabajo que verdaderamente le dé ganancias, no solo económicas, a mi existencia.
Un trabajo que si bien permite que desarrolle algunas de mis capacidades y conocimientos no limite los otros roles de mi vida.
Un empleo que comprenda que también soy hija, amiga, novia, punkera, escritora, modelo, entre otras, y que necesito el mismo compromiso y tiempo para atender cada uno de estos roles. En ese contexto, estar gran parte del día, de la semana, del mes, del año de ¡Mi vida! encerrada en una oficina o dedicada a una sola labor entorpece el desarrollo en mis otras facetas.

Foto: Mao Ramírez

Ahora existen varios tipos de contratos y diferentes modalidades de trabajo: Prestación de servicios, free lance, independiente, teletrabajo, entre otras.
Pero, para ser sinceros, las primeras dos en la mayoría de casos no garantizan una estabilidad económica, la segunda la admiro pero me parece complicada y la tercera es un sueño inalcanzable para muchos y un rol irrespetado para otros.

No está reglamentado, por lo menos en Colombia, un tipo de empleo estable en el que una vez cumplidos los objetivos laborales se brinde con total normalidad la libertad de que el empleado desarrolle otros aspectos de su vida. Si no hay un reparo de mi desempeño y tengo todos mis temas al día, ¿Por qué no me puedo ir a estudiar inglés el resto de día, hacer música, investigar, dedicarle tiempo a mis seres queridos?

Las instituciones y empresas prefieren tener a sus empleados sentados en las oficinas todo el día, así sea en Facebook, en lugar de darles alas a genios, artistas, empresarios o líderes sociales.

Si yo tuviera un trabajo de estos, estaría aún más agradecida con la entidad en la que trabajo y no estaría sintiendo todos los días, que sentada en la oficina, se me va la vida.

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Dafne Punk
Colombia. Comunicadora social y periodista. Especialista en comunicación organizacional. Realizadora audiovisual, modelo alternativa, vocalista de Estigma Social Punk. ¡Maldita niña, que nunca se está quieta!

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