La palabra desierto tiene varios sentidos, el de la metáfora, el vacío ejemplar, dice Edmond Jabès a Marcel Cohen, en una entrevista que tuvo lugar en 1980 y años después se convirtió en libro. En el 2000 se tradujo al español y lleva por título Del desierto al libro.

En la charla, dice Marcel Cohen que no fue ni del todo escrita, ni del todo oral. “Más bien tiene la forma de las notas que se pasan los asistentes en el transcurso de una reunión pública, cuando no quieren ni pueden realmente hablar, ni escribir”.

Debemos ver en esto, antes que cualquier otra cosa, la obsesión por la palabra y expresión más justas, “obsesión que se acerca a la de Kafka cuando confiesa a Janouch que hablar es sopesar y delimitar…que la palabra es una elección entre la muerte y la vida”.

Del desierto al libro describe la biografía del autor que mira hacia sus raíces, Egipto y su desierto, antes de su desarraigo en Francia, en donde nacerán El libro de las preguntas, y El libro de las semejanzas. “La experiencia de la escritura, inseparable del silencio y el vacío absoluto”.

El sentimiento de la ausencia es el centro de la obra del escritor: el instante existente en el pensamiento de la madre: el deseo de un hijo o a su rechazo inconsciente que herirá al periodista, crítico de arte y escritor, quien en 1981 publicó Miroirs.

En el capítulo “Al libro”, Jabès descubre que su escritura, no es una victoria sobre la nada, sino, por el contrario, una exploración de la nada a través del vocablo.

Piensa que escribir no es intentar descartar a cualquier precio la banalidad de un texto, “porque la banalidad es un vehículo, y es a partir de ella como podemos llegar a fondo”.

El autor responde al cuestionamiento ¿el libro es memoria?: …” somos los primeros en atacar involuntariamente a la duración fragmentándola, alzándose cada uno en los momentos vividos contra los demás, con la esperanza de sobrevivirlos”.

No duda el escritor judío, al decir que la cultura es efímera.

Si privilegiamos ciertos acontecimientos aparece la enfermedad del lenguaje, lo dice Jabès, que se apoya en la tesis sobre los traumas, del psiquiatra Adolfo Fernandez-Zoïla.

No es que el escritor falsee los acontecimientos; anuda Jabès a la marca, impronta o signo. “Es lo que todo autor diría gustosamente: vivir es escribir mi vida”.

¿No había otros medios para reparar el olvido? A lo que responde: “Creo haber recobrado cierta tradición en que me sumergí ampliamente en la Cábala y el Talmud… y he leído, a la mayor parte de los maestros espirituales judíos”.

Ante la frase “el desierto es el verdadero lugar de la palabra” Jabès dice que hablar es apoyarse sobre una metáfora, ocupar una blancura de polvo y ceniza.

Para abordar su trabajo como escritor, dice que existe una diferencia entre el hecho de expresarse oralmente y el de escribir.

¿Dónde el riesgo está ausente, no puede haber escritura? “El riesgo se mantiene a través del punto, que en hebreo es la vocal y permite que la palabra sea entendida”.

¿Qué quiere decir con intuición del libro? “Hay en todo libro una espesura de sombra que el lector descubre, poco a poco… es, también, gracias a la intuición por lo que se puede juzgar si, efectivamente, el escritor se ha acercado o se ha alejado del libro que ambicionaba escribir”.

Mallarmé estaba obsesionado por la idea de un libro total, y Jabès se pregunta si este libro no habría decepcionado a Mallarmé y si, en el fondo, ese libro no sería tan efímero como los demás. “Antes de Mallarmé -y por vías naturalmente diferentes- los cabalistas, habían soñado ya con un libro absoluto que excluyese el azar, [que fuese] de perfecta legibilidad”.

¿Todo, en definitiva, debe conducir a un libro? El autor de Un étranger avec, sous le bras, un livre de petitformat, dice que el mundo desemboca en un libro.

Leer un libro, para Jabès, “es de alguna manera, dejar pendiente todo… podríamos decir que, cuando leemos, el mundo espera”.

En el capítulo “El más allá de la palabra”, Marcel Cohen, le pregunta a Jabès si la novela está en discrepancia con lo que él entiende por libro, y la respuesta no se hace esperar: “Siempre me ha resultado insoportable la influencia del novelista sobre el libro… tengo la impresión de que hay en esto una especie de asesinato”.
Lo que aleja a Jabès de la ficción novelística, incluso si es innovadora, es que no asume, desde su perspectiva, este riesgo por completo, perdiendo el libro su autonomía.

Casi al final de la entrevista, el autor recuerda lo que los Oromo del oeste de Choa, dijeron a Antoine d’ Abadie: “En el pasado teníamos nuestros libros sagrados, pero se los comió una vaca…”

Desde entonces, dice Jabès, no puedo mirar una vaca sin pensar que tal vez esté rumiando un libro, y asume que nosotros somos las criaturas del libro.

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México. Publica textos literarios desde hace más de 40 años. Su formación se dio en los diarios y revistas del país, desde 1969. También ha colaborado en plataformas culturales como la de Conaculta y ahora en Secretaría de Cultura. Ha sido reportero, corrector, redactor, coordinador de Comunicación Social de diversas secretarías de Estado. Estudió filosofía y psicología. Es psiquiatra en activo. Ha publicado dos libros, uno de ensayos literarios, Ensayos, y otro de notas periodísticas.

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