El poder ha sido el mejor instrumento que la élite ha encontrado para tener el control de su entorno. Por esa razón se requiere a toda costa mantenerlo para así perpetuarse como si de monarquía se tratase en la supremacía jerárquica de una nación.

Durante 207 años de independencia, Colombia ha visto desfilar por la Casa de Nariño cincuenta y nueve presidentes, liberales o conservadores, unos malos otros peores, unos sobresalientes, otros, como dice el columnista Vladdo, “normalitos”, pero nunca se ha visto cruzar por la Plaza de Armas a una mujer o a un líder de izquierda. Pese a que cada cuatro años los candidatos dan un derroche de propuestas para que el pueblo los elija, la voluntad de los ciudadanos para votar se desvanece cada vez más, el abstencionismo crece con la misma proporción que la poca favorabilidad de Santos. En menos de un año tendremos nuevo presidente en un acto donde asistirán mandatarios de distintas naciones, al nuevo inquilino y al capitán de este barco le pondrán la banda con los colores de la patria y jurará ante la mirada de sus compatriotas y demás jefes de gobierno el bienestar de la nación.

¿Y cómo va esa carrera presidencial? Unos corriendo más que otros, los que crearon su república independiente y los que decidieron formar alianzas para poner los tres huevitos de nuevo o para cambiar la ideología, pero ahí van. Al punto que tenemos un menú a la carta con treinta opciones, no es sino que pida como lo quiere: reintegrado, independiente, perpetuo o “reformado”. Un menú exquisito. Según Chales Tilly, en Europa los estados se constituyeron por medio de alianzas en las que reducían a su rival para así disfrutar de las cortinas de 600 millones de pesos que colocó Tutina y que ahora cuelgan del Palacio Presidencial. El candidato que apoye Santos será señalado por ser Castrochavista, el candidato de las FARC-EP, grupo que la ciudadanía no ha sido recibido con buenos ánimos, el señor de los chicles me dice que seremos peor que Venezuela si llegan a la política, el de las frutas que ellos solo quieren el poder y que no hicieron la paz por el pueblo, sino porque se vieron acorralados, “es que dígame, si querían algo para nosotros ¿por qué mataban tanta gente?”

Yo voto por el que diga Uribe, dicen algunos, otros le apuestan a la entrega de casas que hizo Vargas Lleras como vicepresidente del gobierno Santos. Pero la opción que ilumina a algunos ciudadanos es el voto en blanco, increíble o no, con la oferta de treinta pre-candidatos para algunos esos tampoco sirven, entonces ¿qué solución proponen? El voto en blanco como una manifestación de inconformidad y en la mayoría de los casos el abstencionismo.

Una constituyente no es la solución como lo propone Viviane Morales senadora del partido Liberal. Si tan cansados estamos de que siempre están los mismos, lo mínimo que se puede hacer es: recordar que Odebrecht no es el primer escándalo gigante por corrupción como lo trajo a la memoria Vladdo en su columna Ni los cambiaron ni los cambiamos, porque eso ya “lo (vi)vimos con Cajanal, con Invercolsa, con Corfipacífico, con el proceso 8.000, con Foncolpuertos, con Dragacol, con Agro Ingreso Seguro, con el DAS, con la ‘parapolítica’, con las notarías, con el carrusel de la contratación, con Interbolsa, con Saludcoop, con Reficar”.

La solución parte de que cada colombiano tenga buena memoria y buenos argumentos para plantear debates, no para todos Santos fue un mal presidente algunos apoyaban de alguna manera su gestión y es porque sentó las bases para un diálogo, tanto así que hizo la paz con las FARC-EP luego de cincuenta y dos años de guerra, por eso creen que la petición de renuncia de la oposición fue un error.

Las alianzas se hacen con dios y con el diablo y son importantes para mantener el poder y la estabilidad en un Estado, pero en Colombia sólo han hecho lo primero, en el siglo XVI, como lo dice Tilly, ningún rey podía ir a la guerra sin pedir a alguno de sus señores que acudiese a ayudarle con su ejército; y al mismo tiempo, éstos y sus ejércitos eran rivales y oponentes de los reyes, es decir, los aliados potenciales de sus enemigos. La situación política está ahora tan compleja que prácticamente lanzarse solo es morir en primera vuelta.

Pero existe algo particular en la política colombiana, no siempre se sabe quién está detrás de cada candidato; de cara al público se declaran emancipados de toda corriente política, no son ni de centro, ni de derecha y mucho menos de izquierda, pero luego aparece detrás de cada uno una mano negra y retorcida. Lo que hace que los ciudadanos voten, se confundan y se sientan estafados, razón por la que muchos han decidido prescindir de su derecho a votar y cuando se les pregunta el porqué de esa decisión responden con rabia: ellos prometen y no cumplen. Esta debería ser una motivación importante para esos representantes del pueblo al momento de hacer propuestas, el problema es que la mayoría suele representar sus intereses y no los de 47 millones de colombianos.

Solamente esperemos propuestas serias, campañas dignas de merecer el asiento presidencial y no propagandas de odio y difamación. Ojalá que Santos no toque con el Castrochavismo a ningún candidato, que Vargas Lleras detenga el prontuario que creó en Cambio Radical, que los huevos no se fecunden, que el erario público no se gaste más en vajillas de 100 millones de pesos como la de Luis Pérez y mucho menos se utilice para hacer campaña de la mano de otras administraciones. Roguemos porque el pueblo vote por propuestas que le favorezcan y no por seguir contiendas políticas que cumplen ya más de 200 años en ese tire y afloje. Si hay miedo de llegar a ser como Venezuela, nos debería dar pánico seguir el destino que han trazado los mismos de siempre.

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Juliana Mesa
Colombia. Estudiante de comunicación social y periodismo en la Corporación Universitaria Minuto de Dios. Se interesa en temas políticos y sociales, escribe en su blog Pergamino de Utopías hace 4 años y actualmente colabora para la Revista Elipsis.

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