El pasado 5 de julio en República Dominicana se llevó a cabo una jornada electoral donde el Partido Revolucionario Moderno (PRM) logró un éxito abrumador. El 55% de los ciudadanos habilitados para votar acudieron a elegir presidente, senadores, diputados y representantes al parlamento centroamericano. La Junta Central Electoral (JCE), dio a conocer que, con una mayoría absoluta (52% de los votos), Luis Rodolfo Abinader (candidato del PRM) fue elegido como cabeza del ejecutivo, con 15 puntos porcentuales por encima de la segunda votación, es decir, sin necesidad de un balotaje, con amplia ventaja y gran legitimidad popular. Una cifra asombrosa si se compara con los resultados históricos obtenidos por otros mandatarios de América Latina, quienes son elegidos casi siempre en una segunda vuelta, con porcentajes entre el 40% y el 50%.

Lo que más llama la atención de esta jornada democrática tiene que ver con el éxito del PRM, quien no solamente obtuvo la presidencia, sino que logró amplia mayoría en el Senado, 18 escaños que representan el 56% de las curules. Y en la Cámara baja, los resultados fueron más abrumadores, de las 178 curules destinadas a circunscripciones territoriales y a la representación de la comunidad dominicana en el exterior, el PRM obtuvo 90 escaños (50,5%).

Esta situación (que un partido político obtenga éxito abrumador en todos los estamentos a los que se presente), es muy común en las elecciones denominadas “de concurrencia”, ya que las estructuras electorales trabajan durante toda la campaña con un propósito unificador: lograr que el votante marque el logo de un mismo partido en todas las boletas electorales. Hay que tener en cuenta que por cada organización partidaria hay decenas de candidatos a una curul en el parlamento, y todos ellos no hacen campaña únicamente para sí mismos, sino que, si hay una estricta disciplina de partido, todos deben simultáneamente hacerle campaña al candidato presidencial de su organización. De ahí que, cuando hay elecciones simultáneas, se presenta una enorme influencia entre los resultados electorales de uno y otro estamento: si un partido político obtiene resultados mayoritarios en el parlamento, esas cifras también se verán reflejadas en el ejecutivo.

Con los recientes resultados electorales se prevé un gobierno de coalición en la isla dominicana, asunto ventajoso para la gobernabilidad presidencial y para la ejecución del programa político del PRM.  También hay que tener en cuenta que los tres partidos políticos más votados para el Congreso de la República se ubican en el espectro político de la izquierda, a eso se suma que hay poca atomización o fragmentación en el Senado. Aunque estos partidos tienen sus diferenciaciones, es posible predecir que los acuerdos políticos no serán difíciles, ya que hay una cercana identificación ideológica. Por tanto, el legislativo la tendrá fácil para llegar a acuerdos en cuanto a proyectos de ley y enfoques de políticas públicas.

Finalmente, con las cifras logradas por el PRM, el presidente electo cuenta con legitimidad y apoyo ciudadano, además, tiene asegurada una amplia gobernabilidad, una bancada escudera, unas mayorías que lo protegerán políticamente, lo apoyarán y le votarán sus proyectos. Desde América Latina los partidos políticos miran con envidia esos resultados electorales. Con semejante apoyo popular es muy fácil gobernar.

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Daniel Restrepo Cano
Colombia. Estudiante de Ciencia Política en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.

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