Mi madre estudiaba derecho en la Universidad Nacional de Colombia y, como muchos estudiantes de los sesentas y setentas, fue evangelizada por la llamada Teología de la Liberación. Era una época distinta de la que me hablaba mi abuelo, quien consideraba que los curas eran godos porque, según él, afirmaban que los liberales eran ateos y masones. ¡No! Aquí los sacerdotes hablaban de justicia social, de educar al pueblo, de cambios, de un Jesucristo liberador. Era el tiempo de Camilo Torres y los sacerdotes rebeldes.

Mi madre formó parte de un grupo dirigido por uno de estos discípulos de Camilo Torres, un sacerdote lleno de ideales y de disfraces (cada vez que llegaba a nuestra casa venía con uno distinto, lo cual enfurecía a mi abuelo, quien lo detestaba como si fuera godo). En esta época ella se dedicó a alfabetizar, a construir casas, al trabajo comunitario. ¡Con el pueblo, para el pueblo y por el pueblo! era una de sus tantas consignas.

Mi madre estuvo vinculada a este grupo por varios años, hasta que un día tuvo que tomar una decisión trascendental, como muchos universitarios de su época. ¿La revolución o el hijo que venía en camino? Eso significó dejar a muchos amigos y camaradas, como les decía a veces. Yo no estaría contando esta historia si ella hubiera escogido el monte como opción.

Se dedicó a educarme, me compraba libros de arte, de historia, me llevaba a exposiciones, a concursos, a conciertos. Era la persona que esperaba al artista para pedirle consejos, lo cual me sirvió mucho, ya que algunos artistas se convirtieron en mis maestros.

Cuando empiezo mi carrera plastilínica siempre estuvo allí, llamando al que fuera, insistiendo en el talento de su hijo, buscando por aquí y por allá. Luego se convirtió en mi primera alumna y junto con ella nos dedicamos a compartir lo poco que sabíamos sobre plastilina por muchos parajes de Colombia y Latinoamérica. Una de las labores que más he admirado de ella ha sido el trabajo que hizo en la cárcel Modelo compartiendo su aprendizaje con muchos presos, quienes a su vez la llenaban con todas sus historias de vida. Hoy me regaña por algunas imágenes que publico, me dice que no me meta en líos, pero después sonríe con complicidad.

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Alter Eddie
Colombia. Animador, plastilinómano plastilínico que plastiliniza algunas de las cosas que pasan en nuestra realidad plastilínica. Colaborador de El Espectador y varios libros publicados relacionados con el arte de moldear plastilina.

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